La dermatitis atópica es considerada como una de las enfermedades de la piel más comunes. A menudo es también conocida bajo los nombres de eccema o eccema atópico. Y es tan habitual que, se estima, afecta a alrededor del 20 por ciento de los bebés, niños pequeños y también adolescentes, y entre un 1 a un 3 por ciento de los adultos.

De hecho, la mayoría de las personas afectadas con esta condición suelen presentar y desarrollar el trastorno antes de los 5 años de edad. Es más, muchas lo desarrollan antes del primer año de vida, habitualmente a los pocos meses tras el nacimiento, o incluso a partir de las pocas semanas. Es tan común que solo en Estados Unidos se estima que 1 de cada 10 personas tienen dermatitis atópica.

Tratamiento de la dermatitis atópica

No en vano, el motivo principal por el que pocos adultos presentan esta enfermedad, especialmente si tenemos en cuenta el mayor volumen de casos existentes en la etapa infantil, es debido fundamentalmente a que aunque la dermatitis atópica se desarrolla habitualmente durante la niñez, es habitual que, con frecuencia, disminuya considerablemente o desaparezca en la edad adulta.

En la mayoría de las ocasiones cursa con brotes, lo que significa que los síntomas aparecen de repente después de que un determinado factor los desencadene, para posteriormente desaparecer durante un tiempo. Pueden haber períodos prolongados sin síntomas, o bien con síntomas y sin síntomas (esto es, de forma alterna).

Los síntomas dependiendo de la edad en la que aparezca la condición suelen variar un poco. Por ejemplo, en el caso de los bebés, es más habitual que desarrollen erupciones de color rojizo, inflamadas y supurantes, con piel seca y costras, principalmente en el área de la cara, el cuero cabelludo, los brazos, las manos, las piernas y los pies. Sin embargo, tanto los niños mayores como los adolescentes y los adultos suelen desarrollar estos síntomas solo en algunas partes del cuerpo, como la zona de las manos, delante de los codos, detrás de las rodillas o en la parte superior de los brazos. Es decir, en niños mayores y adultos el sarpullido ocurre y reaparece únicamente en algunas partes o puntos del cuerpo.

No obstante, los síntomas más comunes tienden a ser tener la piel excesivamente seca y con picazón. Pero también pueden surgir en la piel erupciones dolorosas, que pueden volverse en un auténtico problema por la noche, de manera que la sensación de picor constante puede causar noches de insomnio, e interferir con ello en la vida cotidiana y en la calidad de vida de la persona afectada.

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Además, con motivo de aliviar la picazón, es común que se produzca lo que los expertos denominan como el “ciclo de picor-rascado”, que se traduce en que ese picor origina una necesidad inmediata de rascarse. El rascado alivia el picor momentáneamente, pero puede acabar produciendo una mayor inflamación, por lo que la necesidad de rascarse aparece de nuevo. Y así sucesivamente. Se produce a menudo un rascado incontrolable, lo que puede a su vez hacer que la piel se vuelva todavía más gruesa (liquenificación). Además, el rascado constante puede aumentar el riesgo de infección cutánea, especialmente entre los más pequeños de la casa.

Por otro lado, aunque es cierto que el color, la zona y la intensidad donde aparece la erupción puede variar enormemente, la erupción cutánea siempre pica. En niños mayores y adultos la picazón se vuelve muy intensa, y se caracteriza por ser el síntoma principal. Y dado que ese rascado y frotado continuo pueden acabar rasgando la piel, a menudo deja una abertura por la que pueden entrar las bacterias, y causar infecciones de la piel, además de los tejidos situados debajo de la piel e incluso los ganglios linfáticos cercanos. También puede producirse una dermatitis exfoliativa, consistente en una inflamación generalizada acompañada de la descamación de la piel.

En la conocida como fase temprana, es habitual que se desarrollen áreas de la piel rojas, supurantes y con costras, y también ampollas. Esta fase tiende a durar entre 1 a 2 meses. Luego, en la fase crónica, es también habitual que surja la necesidad de rascado y frotado de las áreas que parecen secas y liquenificadas.

Explicado de forma simple y sencilla, podríamos decir básicamente que la dermatitis atópica consiste en una afección crónica de la piel que se caracteriza por la aparición de piel seca e inflamada con picazón. Como se trata de una enfermedad atópica, la dermatitis atópica se encuentra en la misma clasificación que la rinoconjuntivitis, la rinitis alérgica y el asma.

De hecho, en ocasiones es posible que surja lo que se conoce como marcha atópica (también conocido médicamente como marcha alérgica), consistente en una descripción de la secuencia por la que habitualmente podrían ir apareciendo distintas enfermedades atópicas o alérgicas, las cuales suelen debutar en la etapa infantil hasta la edad adulta. Por ejemplo, la primera etapa se caracteriza por la aparición de la dermatitis atópica, luego alergias a los alimentos (alrededor de los 6 a 12 meses de edad), asma infantil (en los niños) y finalmente rinitis alérgica (en la pubertad, adolescencia y / o en la etapa adulta).

En lo que se refiere a las causas de la dermatitis atópica, si bien es cierto que los médicos no saben cuál es la causa real que origina la aparición de los síntomas, sí se sabe que está especialmente relacionada con los genes. De hecho, a menudo tiende a ser hereditaria, junto con la rinitis alérgica y el asma. Originalmente, sí se sabe que la dermatitis atópica surge como consecuencia de la existencia de un defecto en la estructura de las capas superficiales de la piel. Es decir, surge debido a un defecto en la piel, caracterizado en la mayoría de los casos por la carencia de una proteína, conocida con el nombre de filagrina, la cual hace que esta sea mucho más vulnerable a las diferentes agresiones externas, lo que acaba favoreciendo la aparición de áreas con dermatitis o eccemas, y que son fácilmente identificables al cursar como áreas rojizas y con descamación.

En muchas ocasiones se han identificado mutaciones en el gen de la filagrina, que origina que la piel cuente con una barrera cutánea en realidad defectuosa. Debido a ello, las áreas donde se forma la dermatitis se caracterizan por ser zonas de fácil entrada, por la que de hecho podrían acceder distintas partículas que, posteriormente, contactan con nuestro sistema inmune. En las personas con dermatitis, es fácil que los alérgenos (sustancias a las que podemos desarrollar algún tipo de alergia a lo largo de nuestra vida, entre los que destacan principalmente determinados alimentos, polen y ácaros del polvo) contacten con nuestro sistema inmune a través de la piel. Ese contacto origina una sensibilización de manera repetida, que con el paso del tiempo puede acabar produciendo una alergia. Finalmente, es esa alergia la que puede provocar las intolerancias a los alimentos, el asma o la rinitis alérgica.

Sin embargo, se ha demostrado que si la barrera cutánea se encuentra en buen estado, como ocurre en los niños y adultos sanos, sin dermatitis, esta es capaz de proteger al sistema inmune del contacto con los alérgenos, por lo que será mucho más complicado que desarrollen otras enfermedades atópicas a lo largo de su vida. Por este motivo, la dermatitis atópica no debe ser concebida como una alergia a una sustancia en particular, pero tener eccema atópico aumenta el riesgo de desarrollar también asma y rinitis alérgica. Además, es un error pensar que es causada por la alergia a los alimentos. No en vano, es la propia dermatitis atópica la que precede a las alergias alimentarias, y no al revés.

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Cómo tratar la dermatitis atópica

A la hora de conseguir un tratamiento lo más adecuado y efectivo posible es esencial mantener una asociación óptima entre el paciente y el médico, y también entre los diferentes miembros de la familia (especialmente si la persona afectada es un bebé o un niño pequeño). De hecho, es común que el médico recomiende o sugiera un plan de tratamiento específico atendiendo a distintos factores, entre los que destacan fundamentalmente la edad, la salud general y los síntomas que hayan podido surgir.

Debemos hacer especial hincapié en el propio paciente y en los diferentes miembros de la familia, puesto que todos juegan un papel esencial e importante en que el plan de tratamient pueda tener o no éxito. Por este motivo, es imprescindible que todos sigan de forma cuidadosa las instrucciones indicadas por el médico.

¿Y qué opciones existen a la hora de tratar la dermatitis atópica? A continuación te descubrimos algunas de las principales opciones de tratamiento para el eccema. También es necesario tener en cuenta que la dermatitis atópica no tiene cura, por lo que la clave del tratamiento es encontrar qué hábitos y consejos pueden ser de mucha ayuda a la hora de prevenir los brotes; o, al menos, reducir al máximo los síntomas, especialmente los más molestos (como por ejemplo es el caso de la picazón).

Como opinan muchos expertos, en la actualidad los tratamientos comúnmente utilizados para la dermatitis atópica por lo general tienden a dividirse en dos grupos: los humectantes, que son útiles para aliviar la sequedad y la picazón, y los antiinflamatorios, que ayudan a reducir los síntomas más molestos, asociados a la hinchazón, el enrojecimiento y la picazón.

En este sentido, y aunque es posible tomar algunos medicamentos antiinflamatorios por vía oral, es común que los pacientes mayores se apliquen humectantes y antiinflamatorios tópicos directamente sobre la piel, principalmente en forma de ungüentos o cremas.

El cuidado de la piel es siempre fundamental

La realidad es que a la hora de cuidar la piel atópica basta con mantener un régimen simple y básico. Por ejemplo, es esencial utilizar un jabón adecuado para este tipo de piel, el cual debe contener un pH ácido y no tener ningún tipo de ingrediente o sustancia que pueda sensibilizar todavía más la piel, o aumentar la irritación. También es imprescindible el uso diario de una crema hidratante.

Curar la piel, mantenerla hidratada y lo más sana posible es fundamental, sobre todo a la hora de prevenir daños mayores, y mejorar la calidad de vida del niño o del adulto afectado. Para conseguirlo, es de vital importancia desarrollar, mantener y seguir una rutina diaria de cuidado de la piel, lo que además ayudará positivamente para prevenir brotes y episodios recurrentes.

Los expertos inciden muchísimo en el momento del baño. De hecho, se convierte en uno de los momentos más importantes del día, siendo fundamental no la práctica de un baño lo más adecuado posible, sino de la aplicación de un emoliente sobre la piel húmeda.

Por lo general, el emoliente más útil y eficaz es una crema o pomada lo suficientemente espesa. A la hora del baño, un baño con algún blanqueador puede ayudar a limpiar y desinfectar la piel. Eso sí, es conveniente aplicar el emoliente inmediatamente después de salir del baño, con la piel todavía húmeda y sin secarse con toalla. Esto ayudará a restaurar la humedad todavía presente en la piel, a la vez que inhibirá y prevendrá la evaporación del agua, útil para aumentar la velocidad de curación y establecerá una mejor barrera cutánea contra la irritación y la sequedad.

¿Y qué emoliente utilizar? Las cremas y ungüentos son más adecuados, y son los que mejor funcionan a la hora de humectar y curar la piel. Incluso algunos estudios han encontrado que la vaselina puede convertirse en la opción única y simple más adecuada para los bebés y niños.

Eso sí, independientemente de cuál sea la preparación escogida, es imprescindible que se cumplan dos factores clave: debe estar libre de fragancias y productos químicos, así como de sustancias sensibilizantes o irritantes. Por este motivo la vaselina puede ser de muchísima ayuda en la mayoría de las ocasiones.

También es fundamental proteger y restaurar la piel, lo que ayudará igualmente a evitar que se produzcan infecciones cutáneas de forma repetida. Aunque es cierto que no siempre podría ser posible evitar las infecciones por completo, si se identifican y se tratan a tiempo los efectos podrían minimizarse. Por este motivo, es conveniente que tanto los pacientes como sus familias deben ser capaces de reconocer los signos asociados a las infecciones de la piel, que incluyen la aparición de áreas supurantes o ampollas amarillentas con costras, y pústulas diminutas (consisten en protuberancias llenas de pus). Si surgen estas señales, es fundamental consultar al médico para empezar con el tratamiento más adecuado lo antes posible.

Medicamentos

Dependiendo de los síntomas, y de los brotes en sí, es posible que el médico recete cremas tópicas medicinales, o incluso medicamentos orales, con la finalidad de reducir la picazón, aliviar la inflamación e hidratar la piel. ¿Y cuáles son los fármacos más comunes? A continuación te los descubrimos:

  • Cremas con corticosteroides. Son útiles a la hora de aliviar la inflamación y las molestias asociadas a la picazón.
  • Inhibidores tópicos de la calcineurina. Son fármacos capaces de suprimir la inflamación, útiles por tanto para reducir los síntomas de los brotes.
  • Antihistamínicos. Algunos expertos consideran que podrían ayudar a disminuir la picazón, especialmente la picazón más severa.

No en vano, las cremas y ungüentos tópicos con corticosteroides se convierten en las opciones de tratamiento más utilizadas, puesto que son de enorme utilidad a la hora de disminuir los síntomas y prevenir las molestias, sobre todo las relacionadas con la inflamación y el picor.

Los inhibidores tópicos de la calcineurina, por otro lado, consisten en ungüentos tópicos no esteroides que contienen una serie de moléculas capaces de inhibir esta sustancia, la cual es importante en la inflamación. Los expertos consideran que son particularmente eficaces cuando se utilizan en la piel del rostro de los niños, puesto que el riesgo de que puedan producir atrofia es bastante menor. Son también conocidos bajo el nombre de “moduladores inmunitarios”.

Eso sí, cuando algunos de los tratamientos más comunes no son efectivos, el médico puede recetar costicosteroides sistémicos, que son medicamentos que se toman por vía oral, o se inyectan en el músculo, en lugar de ser aplicados directamente sobre la piel. Un ejemplo lo encontramos en la prednisona.

En cualquier caso, generalmente este tipo de fármacos únicamente se utilizan en casos resistentes. De hecho, únicamente son administrados por períodos cortos de tiempo, puesto que se pueden producir algunos efectos secundarios como daño en la piel, huesos debilitados o más delgados, azúcar en la sangre elevada, presión arterial alta, cataratas e infecciones.

En casos graves de dermatitis atópica que no han respondido a ninguna otra opción de tratamiento, en los adultos es posible la prescripción de los medicamentos inmunosupresores, los cuales actúan restringiendo el sistema inmunológico hiperactivo, gracias a que bloquean la producción de algunas células inmunes, frenando la acción de otras.

Pero, como ocurre con el resto de medicamentos, tampoco están exentos de efectos secundarios. Por ejemplo, pueden surgir náuseas y vómitos, problemas renales, presión arterial elevada, hormigueo, dolor de cabeza, infecciones y un aumento del riesgo de cáncer.

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Fototerapia

La conocida como terapia con luz ultravioleta (UV) puede también ser muy útil en caso de eccema, especialmente en aquellas personas que sufran eccema severo. De acuerdo a algunos estudios, las personas con eccema observan una mejoría en sus síntomas después de someterse a fototerapia.

¿Y cómo se lleva a cabo este tratamiento? Durante la sesión, un dermatólogo dirige una luz UVB en todo el cuerpo, o bien únicamente en las áreas afectadas. Esta luz es útil para reducir la inflamación y el picor, a la vez que estimula al cuerpo para la creación de vitamina D, esencial para mantener una adecuada salud cutánea.

Pero sus cualidades no quedan aquí. También ayuda a la piel a combatir la presencia de bacterias, siendo ideal por tanto a la hora de prevenir infecciones.

Por otro lado, debemos diferenciar la fototerapia de la conocida como fotoquimioterapia, que consiste en una combinación de terapia con luz ultravioleta y un medicamento. Esta opción es adecuada cuando se produce una resistencia a la fototerapia. Eso sí, al igual que la fototerapia común, aumenta el riesgo de algunos efectos secundarios que pueden producirse a largo plazo, como es el caso del envejecimiento prematuro de la piel y el cáncer cutáneo.

Por todo ello, si el dermatólogo considera que la fototerapia podría acabar siendo de cierta ayuda para tratar la mayoría de los síntomas asociados a la dermatitis atopica, usará la exposición mínima necesaria, y además, controlará la evolución de la piel con atención.

Terapia con envoltura húmeda

Una investigación publicada en el año 2014 encontró que la conocida como terapia con envoltura húmeda podría ser de cierta utilidad en caso de dermatitis atópica, al ayudar a mejorar los síntomas directamente relacionados con el eccema, gracias a que es capaz de aumentar la humedad naturalmente presente en la piel.

¿Y cómo se realiza? Después del baño con agua tigia (a ser posible con algún ingrediente coloidal, como por ejemplo podría ser el caso de la avena), y tras la debida humectación que, recordemos, debe realizarse con la piel todavía húmeda, se deben envolver las áreas afectadas por la dermatitis atópica con tiras de tela o gasas húmedas. También es imprescindible acabar colocando una capa seca sobre la caha húmeda, lo que ayudaría a evitar que se seque y aumentará su efecto hidratante durante más tiempo.

Bastará únicamente con mantenerlas húmedas, no siendo adecuado aplicarlas sobre las cremas con corticoisteroides, a menos que haya sido el médico quien lo haya recomendado.

Como se encontró en dicho estudio, es una opción de tratamiento adecuada porque ayuda a mantener la piel hidratada. Pero sus efectos positivos o beneficiosos no quedan aquí, puesto que también aumenta la acción de las cremas, emolientes y humectantes.

Otros tratamientos útiles

También existen otros tratamientos adicionales que pueden ayudar a reducir los síntomas específicos de esta afección crónica. ¿Sabes cuáles son?:

  • Antibióticos orales. Deben ser prescritos por el médico, y solo administrados bajo su supervisión, en la dosis y tiempo recomendados. Son útiles para tratar las infecciones cutáneas causados por los estafilococos.
  • Antihistamínicos. Son medicamentos útiles para reducir los síntomas de la alergia. Algunos pueden causar somnolencia, por lo que pueden ayudar a reducir al máximo la necesidad de rascarse por la noche (la picazón suele volverse más evidente y activa en las horas nocturnas), permitiendo con ello un sueño muchísimo más reparador, especialmente cuando el tratamiento se toma antes de irse a la cama. Se trata, por tanto, de una opción tremendamente útil para aquellos pacientes cuya picazón y rascado constante tiende a acabar agravando la enfermedad.
  • Tratamientos antivíricos y / o antifúngicos. Son útiles cuando existen infecciones virales o fúngicas (esto es, causados por hongos).

Cómo tratar la dermatitis atópica

Remedios caseros para la dermatitis atópica

Además de los tratamientos comúnmente utilizados para la dermatitis atópica, también existen algunos remedios caseros que pueden igualmente ser de cierta ayuda a la hora de calmar y aliviar los diferentes síntomas asociados al eccema. Aunque, eso sí, la mayoría de expertos aconsejan siempre consultar antes con el médico para averiguar cuáles podría ser el mejor tratamiento para los síntomas particulares que pudiéramos tener, y especialmente a la hora de aplicarnos un remedio natural en casa.

A continuación te ofrecemos un breve resumen sobre cuáles son los remedios naturales más útiles en caso de dermatitis atópica.

Humectantes e hidratantes naturales

Dado que la piel seca y con descamación se convierte en uno de los síntomas más comunes del eccema, la hidratación y humectación de la piel es fundamental, a la par que imprescindible.

Algunos productos y alimentos de origen natural pueden, de hecho, ser de bastante ayuda a la hora de retener la humedad al máximo, así como aliviar la picazón. un buen ejemplo lo encontramos en algunos aceites vegetales, que sí han demostrado ser efectivos, principalmente en pacientes adultos. Destacan fundamentalmente los siguientes:

  • Aceite de coco. El aceite de coco virgen o prensado en frío, aplicado directamente sobre las áreas donde se ha formado la dermatitis atópica es muy útil para hidratar la zona afectada, además de reducir la presencia de bacterias que a la larga pueden acabar aumentando el riesgo de infecciones. Se aconseja aplicarlo dos veces al día, mañana y noche, siempre sobre la piel húmeda.
  • Aceite de girasol. El aceite de girasol es útil para mejorar la barrera protectora de la piel, que como ya hemos visto, en aquellas personas con eccema tiende a ser defectuosa y estar debilitada, lo que favorece la entrada de microorganismos y alérgenos al interior. Además, también reduce la inflamación. Se aconseja aplicarlo también dos veces al día.
  • Cardiospermum. Consiste en un extracto de origen vegetal que puede ayudar positivamente a la hora de reducir la inflamación, la presencia de bacterias en la piel y la picazón.

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Baños caseros

Como te explicábamos al comienzo del apartado anterior, el cuidado de la piel es fundamental, y bañarse diariamente es esencial para el tratamiento de la dermatitis atópica, puesto que ayuda a mantener la piel hidratada, y al limpiarla diariamente, conseguiremos a su vez prevenir las infecciones.

Existen determinados baños que pueden acabar siendo de mucha ayuda. El baño de avena, por ejemplo, se convierte en uno de los más conocidos, al igual que el baño de vinagre o el baño de bicarbonato de sodio. ¿Y cómo podemos realizarlos?:

  • Baño de avena. Es uno de los más populares. Para hacerlo simplemente debes llenar tu bañera con agua tibia (recuerda que el agua caliente no es adecuado, ya que solo conseguirás aumentar la sequedad de la piel y la irritación), y añadir avena arrollada al gusto. Si no tienes avena arrollada simplemente puedes triturar los copos de avena, hasta conseguir que se convierta en polvo, con una textura similar a la harina. Luego sumérgete en el agua, y disfruta durante 20 minutos.
  • Baño de vinagre. Es otra opción común, aunque menos conocida que la anterior. Para hacerlo puedes utilizar vinagre de manzana o vinagre de vino tinto. Solo tienes que llenar la bañera con agua tibia y añadir bastante cantidad de vinagre. Remueve un poco, sumérgete en el agua y mantente así durante 20 minutos.
  • Baño de bicarbonato sódico. Para prepararlo solo tienes que seguir los pasos que te hemos indicado en los dos remedios caseros anteriores. Es decir, llena la bañera con agua tibia y añade bicarbonato sódico. Remueve un poco, y sumérgete en el agua durante al menos 20 minutos.

Eso sí, una vez terminado el momento del baño, es imprescindible aplicarse un emoliente o una crema hidratante para pieles atópicas en las áreas afectadas inmediatamente después de haber salido del agua, cuando la piel todavía se encuentra húmeda. Esto significa que es esencial hacerlo dentro de los 2-3 minutos posteriores a salir del baño. Lo que ayudará a evitar que la piel se seque, reteniendo la humedad y manteniendo al máximo la hidratación.

Por otro lado, debemos incidir en el baño de avela coloidal, también conocida habitualmente como Avena sativa, que es un tipo de avena muy especial porque se elabora a partir de avena molida y hervida, útil para extraer todas y cada una de sus propiedades curativas en la piel. Ayudaría especialmente a la hora de aliviar la sequedad, la aspereza, la intensidad de la picazón y las grietas, gracias a sus cualidades antioxidantes y antiinflamatorias.

Gel de áloe vera

El gel de áloe vera se obtiene a partir de las hojas de la planta de áloe, muy popular en las Islas Canarias y en otros lugares del mundo. Este gel es de uso habitual en el tratamiento de la dermatitis atópica, sobre todo a la hora de calmar los síntomas más molestos del eccema.

Una revisión llevada a cabo en el año 2015 se encargó de analizar cuáles eran los efectos del áloe vera en la salud. Y constató que el gel posee cualidades antibacterianas, antimicrobianas, cicatrizantes y además es un estimulante natural del sistema inmunológico.

Se sabe que los efectos antimicrobianos y antibacterianos pueden ser de muchísima ayuda en la prevención de las infecciones cutáneas, las cuales tienden a ser mucho más probables cuando la persona sufre eccema, ya que habitualmente la piel está seca, escamada y agrietada. El gel de áloe vera podría ayudar a promover una mejor curación, y a aliviar la piel agrietada.

Aunque puedes obtener el gel de áloe vera teniendo una planta en casa, si optas por comprarlo en algún herbolario o tienda, debes asegurarte de que contenga originalmente pocos ingredientes. Además, es conveniente evitar aquellos productos que contengan alcohol, puesto que podría acabar empeorando el eccema al irritar y resecar la piel todavía más.

Cómo usarlo: Especialmente si es la primera vez que lo vas a utilizar, es conveniente hacer una prueba, para saber si podríamos ser o no alérgicos al producto. Para ello solo tienes que aplicar una pequeña cantidad de gel y verificar la sensibilidad de la piel. En ocasiones el áloe vera puede causar escozor o ardor, pero es por lo general seguro tanto para adultos como para niños. Una vez verificado si se han producido o no reacciones alérgicas, si no han surgido síntomas simplemente debes aplicarte el gel de áloe vera sobre las áreas a tratar.

Aceite de coco

Como ya te hemos mencionado, se convierte en uno de los aceites vegetales más interesantes a la hora de cuidar la piel, y es particularmente útil en caso de eccema, gracias principalmente a su alto contenido en ácidos grasos saludables, los cuales pueden ayudar a proporcionar humedad a la piel, siendo ideal por tanto en caso no solo de dermatitis atópica, sino también de piel seca.

Además, se ha encontrado que el aceite de coco virgen es todavía más interesante si cabe, puesto que ayudaría a combatir la inflamación tan común en caso de eccema, mejorando a su vez la salud de la barrera cutánea.

Aunque el aceite de coco es generalmente sólido cuando lo dejamos a temperatura ambiente, lo cierto es que antes de aplicártelo no es necesario calentarlo antes. De hecho, bastará con tomar un poco entre las manos y ponértelo directamente sobre la piel. El calor del cuerpo lo convertirá en líquido casi de forma inmediata, lo que ayudará positivamente a la hora de aplicarlo mejor sobre la piel.

Cómo usarlo: Es conveniente utilizar únicamente aceite de coco virgen prensado en frío. Una vez lo tengamos en casa, es necesario aplicarlo directamente sobre la piel limpia y todavía húmeda, después del baño. Para maximizar sus beneficios se recomienda aplicarlo varias eces al día, convenientemente incluso antes de acostarse o de irse a la cama, lo que ayudará de forma tremendamente positiva a la hora de mantener la piel hidratada a lo largo de toda la noche.

Aceite del árbol del té

Se trata de un tipo de aceite muy popular en el cuidado del cuero cabelludo, especialmente si tenemos en cuenta que, con el paso de los años, ha pasado a convertirse en un remedio popular muy conocido a la hora de combatir piojos y liendres. Sin embargo, ¿sabías que también podría ayudar en determinados problemas de la piel, incluyendo la dermatitis atópica?

Se trata de un aceite que se obtiene a partir de las hojas del árbol Malaleuca alternifolia, y de acuerdo a una revisión llevada a cabo en el año 2013, proporciona efectos antibacterianos, antiinflamatorios y cicatrizantes, por lo que podría ser de cierta utilidad a la hora de aliviar la sequedad, la irritación, la picazón de la piel e incluso ayudar en la prevención de infecciones.

Cómo usarlo: Antes de usarlos en la piel, los aceites esenciales deben ser siempre diluidos. ¿Lo mejor? Intentar mejor aceite de árbol del té con algún aceite portador, como el aceite de oliva o el aceite de almendras, lo que ayudaría muchísimo a la hora de aplicarlo. Únicamente deberás mezclarlos a cantidades iguales y aplicarlo directamente sobre la piel.

Miel

Aunque no lo creas, la miel también podría ser de mucha utilidad a la hora de estimular la función del sistema inmunológico y promover la curación de heridas, lo que significa que, además, podría ser de mucha utilidad a la hora de combatir infecciones. Todo ello gracias a sus cualidades antiinflamatorias y antibacterianas.

De hecho, los expertos aconsejan aplicar directamente la piel sobre las áreas afectadas con la dermatitis atópica, lo que podría ayudar en la prevención de las infecciones, a la vez que se acelera la curación y se hidrata la piel.

Cómo usarlo: Únicamente debes aplicarte un poco de miel sobre el área a tratar. No obstante, también puedes optar por otros productos similares, y no solo usar miel cruda en sí, sino la conocida como miel de Manuka.

¿Cómo se puede tratar la dermatitis atópica en los bebés?

Se estima que la mayoría de los casos de dermatitis atópica debutan durante la infancia. Y, entre ellos, muchos casos se desarrollan cuando el bebé tiene entre 2 a 6 meses de edad. De hecho, se considera como poco común cuando los síntomas surgen por primera vez en la adolescencia o en la etapa adulta, ya que no debemos olvidarnos que el eccema surge principalmente cuando existe una barrera cutánea defectuosa, y dado que la herencia influye muchísimo, lo más común es que el defecto en el gen se herede.

Sea como fuere, por el momento existen pocas evidencias de que el eccema pueda prevenirse en los bebés. Algunas investigaciones, como la publicada en el año 2011, sugieren que la lactancia materna exclusiva durante al menos los 6 primeros meses de vida podría ayudar positivamente a la hora de reducir el eccema en los bebés, particularmente en los bebés de alto riesgo. Pero, por ahora, la evidencia científica existente no es clara, y mucho menos concluyente.

Dado que es difícil evitar que el bebé se rasque o se frote cuando surge la picazón, es común que el eccema empeore en los más pequeños.

No obstante, el tratamiento médico para el eccema en los bebés y en los niños pequeños es similar al utilizado -y recomendado- en los adultos. Por tanto, el uso de ungüentos humectantes y cremas antiinflamatorias es fundamental, especialmente porque son útiles para reducir la necesidad de que deseen rascarse o frotarse.

Eso sí, algunos estudios sí han encontrado que el uso de vaselina en los bebés y niños pequeños puede ser de mucha ayuda a la hora de prevenir los brotes, ya que crea una capa protectora que evita que entren muchas de las sustancias causantes de las erupciones, reduce el riesgo de inflamación, infección y, también, ayuda a hidratarla activamente.

A pesar de que el tratamiento del eccema en los bebés y en los niños puede ser muy difícil, y requiere de cierta paciencia y constancia, debes estar tranquilo/a: por suerte, la mayoría de los niños que padecen este problema tenderán a superarla antes de llegar a la etapa adulta. No en vano, de acuerdo a las estadísticas, se calcula que a la edad de 10 años la dermatitis atópica habrá desaparecido en el 75-80 por ciento de los niños, y en el 95 por ciento de los casos a la edad de 20 años.

Por otro lado, también es recomendable seguir una serie de consejos básicos, como por ejemplo los que te proponemos en el siguiente listado:

  • El uso de guantes o de calcetines (cuando no haya guantes) puede ser de mucha ayuda a la hora de evitar que el bebé se rasque la piel cuando le pique, consiguiendo con ello que los síntomas no empeoren.
  • Usar una crema hidratante suave y con frecuencia, especialmente en las áreas afectadas y en el resto de la piel del cuerpo.
  • No es aconsejable vestir a un bebé o a un niño con mucho abrigo, ya que la sudoración puede agravar la dermatitis atópica, o bien aumentar el riesgo de que se produzca un sarpullido por calor, lo que sin duda alguna acabará empeorando el picor.
  • El baño regular es fundamental para limpiar la piel, pero el baño excesivo o con demasiada frecuencia puee acabar agravando los síntomas asociados a la piel seca.
  • Los baños con avena coloidal se consideran seguros para los niños. Pero se deben mantener ciertas precauciones, como por ejemplo evitar que el agua entre en contacto con los ojos del pequeño.
  • Se recomienda utilizar únicamente champú y gel diseñado para niños con eccema.
  • Si utilizas toallitas húmedas para limpiar al bebé en momentos puntuales, es fundamental utilizar toallitas sin perfume ni alcohol. Dado que muchas toallitas suelen contener incluso ingredientes y sustancias irritantes, lo más aconsejable es utilizar únicamente aquellas que hayan sido especialmente concebidas para pieles sensibles.

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¿La dermatitis atópica puede prevenirse?

Es esencial evitar o disminuir al máximo el contacto con aquellas sustancias que se sabe pueden irritar la piel, o incluso aquellos alimentos a los que la persona es sensible, con la finalidad de prevenir la formación de una erupción cutánea. Es más, una de las principales modalidades de tratamiento es la prevención de los brotes de la enfermedad y sus síntomas asociados. A continuación te ofrecemos algunos consejos útiles que podrían ser de cierta ayuda.

Baños tibios

La temperatura del agua elevada es perjudicial en caso de dermatitis atópica, y aque podría aumentar el riesgo de que la piel se seque en exceso, por lo que aumentarían los síntomas directamente relacionados con el eccema.

En las etapas en las que existe picazón, los expertos aconsejan optar por el baño en lugar de la ducha, y siempre con agua tibia. Eso sí, es posible optar por la ducha en aquellos casos en los que la condición de la piel haya mejorado, y exista poca picazón y enrojecimiento de la piel.

Es aconsejable poder sumergirse en el baño durante 20 minutos. Además, para suavizar la piel y aliviar la incómoda y molesta picazón, se recomienda añadir algunos emolientes al agua del baño, como por ejemplo podría ser el caso de la avena, que ayuda positivamente a la hora de suavizar la piel y calmar la inflamación habitualmente asociada al eccema. También destacan los aceites vegetales o minerales.

Cuidado con el jabón que utilizas

Se recomienda utilizar siempre un jabón que contenga un pH ácido. Esto es debido a que los jabones fuertes tienden a ser alcalinos, y además deben estar exentos de cualquier tipo de sustancia sensibilizante o irritante, ya que podrían aumentar las molestias y los síntomas asociados.

A diferencia de lo que popularmente se piensa, no es posible evitar los jabones por completo, ya que poseen cualidades antibacterianas útiles para prevenir las infecciones causadas por Staphylococcus aureus, una de las bacterias “malas” que encontramos naturalmente en la piel, y que se ha demostrado que en las personas con dermatitis atópica suelen estar en cantidades más elevadas.

¿Lo más adecuado? Optar por jabones o preparaciones con clorhexidina.

A la hora de secarse

Después de cada baño, es esencial secarse la piel con sumo cuidado, utilizando para ello toallas lo más suaves posibles. Además, no se aconseja frotar la piel, ya que aumentará el riesgo de daño e irritación.

También es fundamental aplicarse una crema emoliente con la piel todavía húmeda, lo que ayudará a mantener la humedad de la piel y a retenerla durante más tiempo. Una buena opción es elegir emolientes que contengan ácidos grasos, como el ácido linoleico y linolénico, el aceite de prímula o ceramidas.

Evitar los desencadenantes

Como ya te hemos expresado en un apartado anterior, es fundamental evitar los desencadenantes conocidos para prevenir los brotes de forma sencilla y efectiva. A su vez, se deben evitar aquellos alimentos que habitualmente pueden provocar alergias, como la leche, los huevos y los cacahuetes. Esto ayudará a mantener a raya los brotes.

Cuidado con las infecciones secundarias

Debido a la picazón y el rascado o frotado constante, es fundamental evitar las infecciones secundarias. debemos tener en cuenta que, con el rascado, a medida que va pasando al tiempo es común que la piel se vuelva todavía más áspera y gruesa. Y siempre el riesgo de infecciones es muy grande.

Por tanto, como en ocasiones la necesidad de rascarse no puede evitarse, existen algunas medidas que pueden acabar siendo de mucha ayuda, como por ejemplo aplicarse una crema hidratante justo en los momentos en los que sintamos picazón, intentar mantener las manos siempre en otra parte cuando tengamos la necesidad de rascarnos, y mantener las uñas muy cortas, suaves y siempre perfectamente limpias.

¿Cuándo ver al médico?

Cuando surgen los primeros síntomas lo más común es que sea el pediatra quien diagnostique la existencia de la dermatitis atópica, especialmente en las revisiones habituales y regulares del bebé. De hecho, los síntomas suelen surgir entre los 2 a los 6 meses de edad, aunque es cierto que en algunos casos podría retrasarse un poco.

No obstante, es el pediatra o un dermatólogo quien puede llevar a cabo un diagnóstico inicial. A su vez, podría ayudar a crear un plan de tratamiento eficaz, y ayudar a comprender y a identificar cuáles pueden ser los factores desencadenantes, con la finalidad de evitar al máximo algunos de los alérgenos comunes qe suelen influir en la aparición de los síntomas, y de los propios brotes en sí.

Pero si observamos que el niño está continuamente irritable y nervioso, pierde el sueño con facilidad o no puede dormir adecuadamente por las noches, entonces sí es aconsejable hablar con el médico. Eso sí, también se aconseja acudir al médico de inmediato si surgen síntomas de una infección bacteriana de la piel, como: hinchazón, dolor, sensibilidad y sensación de calor alrededor de la erupción, secreción cutánea, rayas de color rojizo que tienden a extenderse desde el lugar donde se ha producido la erupción cutánea, y fiebre.