También conocida bajo los nombres de eccema atópico o eccema infantil, lo cierto es que se caracteriza por ser un tipo de dermatitis más común de lo que se piensa. De hecho, es médicamente conocida bajo la denominación de eccema infantil, principalmente por el hecho de que, en la mayoría de las ocasiones, sus primeros síntomas suelen surgir sobre todo durante la infancia. No en vano, aunque pueden continuar durante la etapa adulta, lo más habitual es que algunos de sus signos más incómodos y molestos tiendan a desaparecer a medida que el niño cumple años, de forma que puede resolverse incluso antes de que haya cumplido los 10 años de edad.

Debemos entender la dermatitis atópica como un trastorno cutáneo inflamatorio crónico, lo que significa que se encuentra presente a lo largo de toda la vida. Se caracteriza por la presencia de dermatitis eccematosa pruriginosa. Y aunque no tiene curación, en la mayoría de las personas afectadas, el trastorno es tratado exitosamente con prácticas relacionadas con el cuidado de la piel, con terapias tópicas para la inflamación, la eliminación de los factores agravantes (que pueden influir de manera insidiosa en la aparición de los brotes de eccema), y en distintas estrategias útiles para la reparación de la barrera cutánea.

No obstante, en aquellas personas con enfermedad severa o grave, que no mejoran con la terapia convencional, es posible que se beneficien de tratamientos y terapias médicas adicionales, como por ejemplo podría ser el caso de los medicamentos o fármacos sistémicos, y la fototerapia.

¿Qué es y en qué consiste la dermatitis atópica?

También conocido como eccema, la dermatitis atópica consiste en una inflamación de la piel, la cual se caracteriza por ser crónica, que produce sequedad y una incómoda y molesta picazón. Es considerada como una de las enfermedades cutáneas más comunes entre los bebés y los niños pequeños, y no es contagiosa ni infecciosa. Esto significa que el niño que tenga dermatitis atópica se caracteriza principalmente por tener un tipo de piel muy sensible, la cual tiende a irritarse con demasiada facilidad.

Que sea crónica significa básicamente que se trata de un tipo de afección cutánea prolongada; es decir, que tiende a extenderse en el tiempo, lo que se traduce a su vez en que es un tipo de condición de la piel que, al menos por el momento, no dispone de ningún tipo de cura (al contrario, el tratamiento base consiste en hacer todo lo posible para prevenir la formación / aparición de nuevos brotes, así como para tratar los síntomas y las principales molestias cuando surgen).

De acuerdo a las estadísticas, se trata de una afección muy común que afecta por igual a hombres y mujeres, y representa entre un 10 a un 20 por ciento de todas las derivaciones a dermatólogos (que, como de buen seguro sabrás, es el médico especializado en el cuidado y tratamiento de las diferentes enfermedades cutáneas). Por otro lado, se sabe que la prevalencia de la dermatitis atópica está en aumento, aunque como conoceremos en el próximo apartado, se desarrolla principalmente y con mayor frecuencia en bebés y niños pequeños, mientras que su aparición tiende a disminuir sustancialmente con la edad.

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¿Cuándo aparecen los primeros síntomas en los niños, y por qué?

Generalmente es tremendamente común que la dermatitis atópica aparezca por primera vez entre los 3 a 6 meses de edad. No en vano, según las estadísticas que mencionábamos en el apartado anterior, se calcula que entre un 65 a un 70 por ciento de los pacientes tienden a desarrollar los primeros síntomas a lo largo del primer año de vida (en la mayoría de las ocasiones esto suele ocurrir antes de cumplir los 6 primeros meses de edad), y se sabe que el 90 por ciento ya han desarrollado síntomas antes de los 5 años. En este sentido, se calcula que alrededor de un 10 por ciento de todos los bebés y niños pequeños tienden a experimentar síntomas de la enfermedad en algún momento de su infancia.

Por este motivo, el comienzo de los síntomas después de la tercera década de la vida es considerado como poco común o habitual, aunque es cierto que también puede ocurrir. Cuando lo hace, a menudo es debido después de la exposición continua y constante de la piel a distintas condiciones severas. Es más, se sabe que aquellas personas que viven en climas con poca humedad, o en áreas urbanas, suelen tener un mayor riesgo de desarrollar esta condición de la piel.

También se conoce que entre un 50 a un 60 por ciento de los bebés con dermatitis atópica continuarán teniendo uno o más síntomas de dermatitis incluso aunque hayan alcanzado la adolescencia y / o la etapa adulta.

Síntomas de la dermatitis atópica en niños

Debemos tener en cuenta que los síntomas pueden variar ligeramente de una persona a otra. En cualquier caso, sí es perfectamente posible establecer algunos síntomas que se caracterizan precisamente por ser tremendamente comunes, entre los que destacan esencialmente la piel seca, enrojecida, con inflamación y con una molesta picazón. De acuerdo a los expertos, este picor o picazón se convierte de hecho en una de las principales características de este tipo de dermatitis.

Además, los brotes suelen aparecer en áreas de la piel con pliegues, como en los brazos, la parte posterior de las rodillas y las muñecas, así como el cuello y la cara. En los bebés, por ejemplo, es común que la zona de las mejillas sea la parte del rostro comúnmente más afectado, mientras que el picor extremo se convierte en uno de los principales enemigos de la condición, sobre todo en los niños más pequeños, puesto que al rascarse y frotarse la inflamación cutánea tan característica de esta enfermedad puede acabar empeorando mucho, lo que originará con el tiempo una mayor inflamación e irritación. Y lo que es aún peor: un aumento del riesgo de infección. Ocurre lo que los expertos denominan como ciclo de “picazón-rascado”. Es decir, el picor excesivo hace que la persona tenga la necesidad imperiosa de rascarse, lo que, luego, empeora el picor. Y así sucesivamente.

La picazón puede llegar a convertirse en un problema especialmente durante el sueño, cuando el control consciente del rascado disminuye, lo que unido a la ausencia de otros estímulos presentes en el exterior, hace que la picazón se vuelva todavía más notoria. Por este motivo, cuando el picor surge de noche, suele afectar negativamente al sueño de la persona afectada (independientemente de que se trate de un bebé, un niño o un adulto), afectando a su vez a la calidad de vida del mismo.

Los síntomas también varían ligeramente en función de la edad de presentación. Por ejemplo, es común que los bebés menores de un año de edad tengan a menudo una dermatitis o eccema ampliamente distribuido a lo largo del cuerpo, de manera que es normal que los síntomas surjan repartidos en distintas áreas.

Es habitual que la piel se muestre siempre seca, escamosa y enrojecida, con aparición de pequeñas marcas debido a los arañazos (principalmente por la picazón). Las mejillas de los bebés suelen ser, de hecho, el primer lugar que se ve afectado por el eccema, al igual que el área del pañal (aunque en este caso es muy común que reciba el nombre de dermatitis del pañal), debido a la humedad y suciedad del pañal, sobre todo cuando se les deja demasiado tiempo con él.

A medida que el bebé crece, y empieza a moverse, es común que la dermatitis atópica o el eccema atópico tienda a volverse más localizado. Debemos tener en cuenta que, a medida que el niño crece, es común que empiece a rascarse vigorosamente segú surge la picazón o el picor, de manera que el eccema puede irritarse todavía más, con lo que aumenta el riesgo de infección. En este grupo de edad lo más habitual es que la dermatitis atópica afecte también a otras zonas del cuerpo, como las muñecas, codos, rodillas y tobillos. Incluso también podría afectar a los genitales.

Con el rascado constante la piel a menudo se liquenifica, lo que significa que tiende a resecarse y a engrosarse a consecuencia del rascado y frotamiento constantes. En algunos niños este patrón puede persistir hasta que son algo más grandes, en la etapa escolar.

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Durante la edad escolar los niños mayores presentan un patrón de flexión de la dermatitis atópica, afectando con mayor frecuencia a la rodilla y a los pliegues del codo. Pero también existen otras zonas del cuerpo igual de susceptibles a la aparición de los síntomas asociados con la dermatitis y los brotes de eccema, que incluyen principalmente el cuello, el cuero cabelludo, los párpados y los lóbulos de las orejas. También pueden surgir ampollas recurrentes con picazón en otras zonas, como en las palmas de las manos, en los dedos y en los pies.

Es posible que surjan otras molestias y síntomas, como el conocido como patrón “numular” de dermatitis atópica, que se refiere a la aparición de pequeñas áreas de eccema, en forma de moneda, esparcidas a lo largo de todo el cuerpo. Son parches de eccema de forma redonda, secas, enrojecidas y que pican, que habitualmente pueden llegar a ser confundidos con la tiña (infección por hongos).

Por suerte, en muchas ocasiones la dermatitis atópica mejora durante los años escolares, hasta incluso llegar a desaparecer por completo durante la adolescencia. Eso sí, la función de barrera de la piel nunca se recupera, de forma que nunca será del todo normal. Por este motivo, es común que algunos síntomas puedan surgir más tarde, pero siempre de manera leve. Por ejemplo, cuando el niño sea adulto podría tener eccema localizado persistente, especialmente en las manos, flexiones de las articulaciones, párpados y pezones. Lo habitual es que se tenga un patrón difuso, aunque es común que la piel se encuentre más seca y liquenificada, en comparación con los niños.

Síntomas de la dermatitis atópica en niños

¿Cuáles son las causas de la dermatitis atópica en los niños?

Por el momento se desconoce la causa específica que origina la aparición de la dermatitis atópica. No obstante, los expertos sí saben que es debida a una combinación de factores genéticos (es decir, hereditarios) y ambientales, que combinados pueden ocasionar una hipersensibilidad cutánea básica así como una mayor tendencia a la picazón.

Se caracteriza, por tanto, por ser un trastorno genético asociado con una piel sensible. Por este motivo, quienes lo padecen a menudo tienen antecedentes familiares de dermatitis atópica, eccema, asma o rinitis alérgica. Pero ojo, también es necesario tener en consideración que existen muchos factores genéticos que pueden acabar agravando el eccema. No obstante, a diferencia de lo que habitualmente se piensa, y tal y como han demostrado distintos estudios científicos, no es causado por una alergia específica, de manera que las pruebas de alergia no son útiles.

Los expertos saben que suele ocurrir habitualmente en familias con casos anteriores de enfermedades atópicas, entre las que no solo se encuentra la propia dermatitis atópica en sí, sino también alergias y asma, lo que apuntaría evidentemente a un componente genético como factor de riesgo principal. En este sentido, es cierto que en los últimos años se han descrito distintas mutaciones en el gen de la proteína filagrina en algunas personas con dermatitis atópica, esencial para la construcción de una barrera cutánea saludable. Esto significa que la barrera cutánea no ejerce su función de protección adecuadamente, es deficiente, de manera que los alérgenos pueden entrar continuamente al organismo a través de la piel, lo que origina una sensibilización alérgica.

Este tipo de pacientes tienden a presentar una dermatitis atópica de inicio más temprano, mucho más grave y, sobre todo, persistente, la cual suele encontrarse habitualmente asociada con el asma y con la propia sensibilidad alérgica. A su vez, pueden existir otros desencadenantes específicos o únicos que podrían hacer que el eccema se agrave. Incluyen principalmente alérgenos, irritantes, factores emocionales, ambientales y determinados agentes infecciosos.

La investigación sugiere que los genes se convierten en la causa más determinante del eccema, así como también de otras enfermedades atópicas. Lo que significa que tendremos una mayor probabilidad de dermatitis atópica, alergias alimentarias, rinitis alérgica y / o asma si nuestros padres o cualquier otro miembro de la familia cercano alguna vez tuvo dermatitis atópica o eccema.

Es decir, ser propenso -o no- al desarrollo de algún tipo de afección alérgica se caracteriza por ser un rasgo que se hereda genéticamente. Pero tanto el entorno cmo las distintas condiciones en las que el niño crece también suelen afectar al desarrollo de condiciones alérgicas. Esta tendencia a tener una determinada condición alérgica, lo que se conoce médicamente como “atopia”, hace que una persona sea más propensa que otra a desarrollar otra condición alérgica, y es lo que se conoce como marcha alérgica o marcha atópica (sobre la que te hablaremos detalladamente en un futuro apartado).

Por otro lado, también se han encontrado otros factores que podrían influir en la aparición de la dermatitis atópica en un niño. Por ejemplo, un sistema inmunológico que no se encuentra completamente desarrollado puede afectar a la cantidad de protección que podría brindar la piel. A su vez, tampoco podemos olvidarnos de otros factores externos y ambientales, lo que incluyen un clima invernal, temperaturas cálidas y secas, utilizar agua caliente para ducharse o bañarse, y utilizar jabón no adecuado para dermatitis.

En resumidas cuentas, debes tener en cuenta lo siguiente: un niño presenta un mayor riesgo o probabilidad de tener dermatitis atópica si cuenta con algún miembro de la familia con eccema o dermatitis atópica, y si también tiene algún tipo de alergia.

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¿Cómo se trata?

Es esencial tener en cuenta que el tratamiento implica una asociación entre el médico y el niño (o paciente), y los miembros de su familia. Es común que el especialista sugiera y aconseje un plan de tratamiento en función de distintos factores, entre los que se encuentran la edad, los síntomas y la salud general de la persona afectada. Es fundamental tener siempre bien presente que tanto el paciente como los distintos miembros de su familia juegan un papel esencial en el plan de tratamiento, quienes deben seguir cuidadosamente las instrucciones e indicaciones dadas por el especialista.

La mayoría de los niños afectados con dermatitis atópica pueden tratarse con éxito con el cuidado adecuado de la piel, así como con determinados cambios en el estilo de vida. En muchos casos la enfermedad se controla de esta manera, no siendo necesario optar por tratamientos más intensivos.

La importancia del cuidado de la piel

Es básico seguir un régimen sencillo y simple. Para ello, es fundamental la limpieza diaria de la piel utilizando un jabón recomendado para pieles con dermatitis atópicas, así como el uso continuado de cremas hidratantes y emolientes. Por ejemplo, se debe evitar el uso de jabones, fragancias y lociones no recomendados para pieles con eccema, dado que podrían causar más problemas, y una mayor sensibilidad en la piel.

Es primordial, por tanto, curar la piel y mantenerla lo más saludablemente posible, no solo para prevenir daños mayores, o reducir el riesgo de brotes, sino para mejorar la calidad de vida del niño (del adolescente o del adulto afectado). Y, para conseguirlo, es de vital importancia desarrollar y seguir una rutina diaria de cuidado de la piel, lo que ayudará positivamente a la hora de prevenir episodios recurrentes de brotes de eccema y otros síntomas relacionados.

En este sentido, el factor clave -a la par que esencial- es darse un baño adecuado, con agua tibia (nunca caliente, ya que puede aumentar los síntomas), y la aplicación de un emoliente sobre la piel todavía húmeda, sin secarla con una toalla para evitar frotaciones e irritaciones. Un emoliente eficaz consiste en una pomada o crema con una consistencia o espesor lo suficientemente rígida. Distintos estudios han encontrado que la vaselina puede convertirse en un emoliente ideal para bebés y niños pequeños, gracias a que crea una barrera protectora sobre las áreas dañadas y afectadas, protegiendo la piel más sensible.

Los baños tibios con blanqueadores pueden ser también de mucha ayuda. Y, en los bebés y niños pequeños, el baño con avena coloidal ha pasado a convertirse en uno de los remedios naturales más eficaces, gracias a que este tipo de avena (la cual ha sido molida y hervida) actúa como antiinflamatorio y calmante, con lo que se consigue reducir al máximo los síntomas relacionados con el eccema.

Eso sí, una vez finalizado el baño, es esencial la aplicación de un buen emoliente sobre la delicada piel del bebé o del niño pequeño, inmediatamente tras haber salido del agua, sin secar con la toalla. Esto es importante porque ayuda a restaurar la humedad naturalmente presente en la piel al inhibir la evaporación del agua, con lo que se consigue aumentar la velocidad de curación y establecer una mejor barrera protectora, reduciendo la sequedad y la irritación.

También es esencial tomar diferentes medidas para evitar infecciones cutáneas repetidas, fundamental a la hora de proteger y restaurar la piel. Aunque no sea del todo posible evitar las infecciones de forma completa, sí existen algunos consejos que pueden ser de mucha ayuda. La picazón se convierte en uno de los mayores factores de riesgo.

La hidratación continúa siendo fundamental

Tanto la picazón como la piel seca son dos de las principales características de la dermatitis atópica, y en el caso particular de la piel seca, si no es debidamente tratada, podría acabar desencadenando diferentes brotes.

La piel seca no solo se vuelve tremendamente incómoda para el niño porque tiende a generar una mayor -y molesta- picazón. También compromete la función de barrera de la piel, permitiendo que distintos microorganismos, hongos, virus y bacterias, puedan acceder fácilmente a tejidos más vulnerables, los cuales podrían incrementar el riesgo de infección, o bien ocasionar una inflamación y un posterior brote.

En el caso de los más pequeños, una hidratación regular y diaria con una crema espesa, loción o pomada puede ser suficiente para ayudar a rehidratar la piel, así como restaurar la función de barrera. Y distintos estudios han encontrado que la vaselina podría ser de muchísima ayuda a la hora de humectar, hidratar y proteger la piel del bebé al máximo. A continuación te descubrimos algunas de las mejores opciones:

  • Ungüentos. Tanto para bebés como para niños pequeños, e incluso para adolescentes o adultos, se convierten en una de las mejores opciones para la mayoría. Aunque, es cierto, tiende a ser incluso más útiles para los casos de dermatitis atópica más graves, gracias principalmente a que, por su textura más grasosa, proporcionan una barrera de protección y humedad muchísimo más dura. Aceites minerales o la vaselina se caracterizan por ser algunos de los ingredientes más comunes en su composición.
  • Cremas. En especial cremas hidratantes y emolientes, son esenciales para bebés y niños con dermatitis atópica leve a moderado. Son interesantes en estos casos porque tienden a absorberse mejor que los ungüentos.
  • Lociones. Son opciones de tratamiento compuestas principalmente de agua, por lo que son interesantes en caso de dermatitis atópica leve.

Cuidado con los jabones y geles corporales

En el caso del bebé y de los niños pequeños, dado que todavía tienen la piel demasiado sensible, es esencial evitar los jabones en barra tradicionales y cualquier otro jabón o gel no específico para pieles atópicas o con dermatitis atópicas. ¿Por qué? Muy sencillo: no solo son agresivos, sino que, además, pueden acabar eliminando muchos de los aceites naturalmente presentes en la piel, y que son de vital importancia para protegerla.

Por tanto, lo mejor es escoger siempre jabones infantiles o de farmacia aptos para dermatitis atópica y / o eccemas, diseñados por tanto específicamente para pieles secas y sensibles.

No obstante, cada vez más pediatras aconsejan en los bebés y niños pequeños evitar los productos de higiene y limpieza y optar directamente por baños de agua pura. En la mayoría de los bebés, de hecho, basta con lavarlos con agua tibia, no siendo necesario incluso hacerlo diariamente.

Optar por los conocidos como baños de “remojo y sellado”

Debemos tener en cuenta que lo más común es que el agua se evapore constantemente de las capas más profundas de la piel, un efecto conocido habitualmente como pérdida transepidérmica de agua. Cuando la piel se encuentra afectada con una condición como la dermatitis atópica, esto todavía la sobresatura un poco más, amplificando el problema extrayendo una mayor cantidad de agua, y dejándola más tersa, tirante y seca.

Muchos expertos aconsejan la técnica conocida como de “remojo y sellado”, que es incluso más útil que el propio baño en sí (debemos tener en cuenta que el baño es evidentemente útil y beneficioso, puesto que ayuda a aflojar y retirar las escamas de la piel, a la vez que calma y reduce la picazón), pero debe siempre ser llevado a cabo de forma segura. Para conseguirlo, es buena idea seguir los siguientes pasos:

  • Prepara un baño de agua tibia (recuerda, es esencial que el agua nunca esté caliente), remojando al niño no más de 10 minutos.
  • Utiliza un limpiador suave en lugar de un jabón fuerte, y evita restregar o frotar la piel, ya que esto podría aumentar los síntomas más molestos.
  • Luego seca suavemente la piel con ligeros golpecitos (pero nunca frotándola).
  • Si el pediatra ha recomendado algún medicamento tópico, úsalo ahora.
  • Mientras la piel todavía continúa húmeda, es esencial ahora la aplicación de un humectante especialmente concebido para la delicada piel del bebé, lo que ayudará positivamente a la hora de humectar la piel e hidratarla, al sellar la humedad.
  • Finalmente, deja que la loción o crema hidratante se absorba durante varios minutos, antes de vestir al pequeño.

Eso sí, si el pequeño está experimentando un brote de dermatitis atópica grave o severo, es aconsejable evitar cualquier limpiador por completo (jabones, champús y geles), utilizar únicamente agua.

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Exposición al sol

Exponer al pequeño unos pocos minutos al sol cada día, por ejemplo en un paseo por la calle o por la playa, es sumamente beneficioso, ya que el niño obtendrá la vitamina D que tanto necesita. De hecho, algunos padres han observado cómo la luz solar parece ayudar a mejorar los síntomas leves a moderados de la dermatitis atópica.

Los expertos creen que hacerlo ayuda a aumentar la producción de vitamina D en la piel, lo que a su vez liberaría una serie de compuestos antiinflamatorios (conocidos médicamente bajo el nombre de catelicidinas), capaces de reducir tanto el enrojecimiento como la hinchazón locales.

Debemos recordar que la luz solar natural, por lo general, se considera segura cuando se limita únicamente a no más de entre 10 a 30 minutos de exposición varias veces a la semana. Eso sí, al empezar, podrían ser suficientes cinco minutos para comprobar y evaluar qué tan bien su delicada piel podría tolerar la luz del sol. Si no se produce enrojecimiento inflamación, entonces sí podría ser adecuado aumentar gradualmente su tiempo de exposición al sol a lo largo de los días o semanas (eso sí, siempre bajo el consejo del pediatra).

¿La dermatitis atópica es para siempre?

Como ya te hemos mencionado en un apartado anterior, se ha encontrado que la dermatitis atópica tiende a afectar a entre un 15 y un 20 por ciento de los niños, siendo mucho menos común entre los adultos. No obstante, es imposible predecir si la dermatitis atópica mejorará por sí solo o no, por lo que es esencial seguir el tratamiento indicado por el médico a rajatabla, evitando también todos aquellos factores que puedan influir en la aparición de los síntomas y en la formación de nuevos brotes.

Eso sí, sí se sabe que la piel sensible tenderá a persistir a lo largo de toda la vida. Por ejemplo, un metaanálisis que incluyó a más de 110.000 personas que encontró que el 20 por ciento de los niños con dermatitis atópica todavía tenían la condición de la piel, de forma persistente, alrededor de 8 años después. Y, de esa cantidad, menos del 5 por ciento presentaba la enfermedad, de manera persistente, 20 años después.

También se ha demostrado que aquellos niños que desarrollan la dermatitis atópica antes de los 2 años de edad presentan un riesgo mucho menor de enfermedad persistente, en comparación con los niños que la desarrollaron más tarde, en la niñez, o durante la adolescencia. Por este motivo, la dermatitis atópica persistente no suele ser muy habitual entre niños mayores, adolescentes y adultos, debido principalmente a que la mayor parte de los casos ocurren entre los 4 a 6 meses de edad (aunque lo habitual es que los primeros síntomas surjan antes del primer año de vida).

Suele empeorar entre los 2 a los 4 años de edad. No obstante, generalmente tiende a mejorar después, pudiendo desaparecer por completo a lo largo de la adolescencia.

¿Cómo se diagnostica la dermatitis atópica en los niños?

En alguna que otra ocasión te hemos mencionado que no existen pruebas médicas específicas que puedan confirmar o no el diagnóstico de dermatitis atópica. En este sentido, los médicos tienden a diagnosticar la enfermedad dependiendo de los síntomas que el bebé o el niño tenga, así como de su propio historial médico (y familiar, ya que suele ser una condición de la piel que tiende a heredarse). Si bien es cierto que cada bebé o niño experimenta una combinación única de síntomas, que además pueden llegar a variar con el paso del tiempo, es posible llevar a cabo distintas pruebas para descartar otras posibles causas de erupción cutánea.

Tener en cuenta los síntomas

Se calcula que muchos bebés y niños que originalmente padecen dermatitis atópica no están diagnosticados, principalmente porque los padres atribuyen muchos de esos síntomas a que el pequeño simplemente tiene la piel seca o demasiado sensible, y creen incluso que la irritación que surge en su delicada piel no tiene -o no necesita- ningún tipo de tratamiento médico.

Si bien es cierto que la dermatitis atópica debe ser siempre diagnosticada por el pediatra o por un dermatólogo pediátrico, es necesario tener presente qué síntomas pueden surgir, dado que podrían ayudar a indicar o no la existencia de dicha afección:

  • La piel seca nunca desaparece, aún cuando apliquemos con regularidad en la piel del niño cremas hidratantes y emolientes.
  • El sarpullido que se forma en la piel produce enrojecimiento, descamación, comezón, picazón y ampollas.
  • La erupción cutánea mejora, pero posteriormente vuelve a regresar de nuevo.

Además, debemos recordar que, en los bebés y niños pequeños, el eccema tiende a desarrollarse en patrones específicos. Estos síntomas suelen aparecer de forma muy temprana en la vida, o incluso desarrollarse durante la niñez, y en los más pequeños los brotes se forman en el rostro (habitualmente en las mejillas), en el tronco (excepto en el área del pañal), así como en las articulaciones, principalmente la parte delantera de la rodilla, el antebrazo o la parte trasera del codo. Mientras que, en niños más mayores, es común que los síntomas aparezcan en los tobillos, muñecas, en la parte posterior de la rodilla y en el pliegue del antebrazo.

De hecho, una de las principales diferencias con la dermatitis de contacto, es que en el caso de la dermatitis atópica los sarpullidos no surgen en la ingle o en las axilas.

Por todo lo indicado hasta el momento, si creemos que nuestro hijo, independientemente de la edad que tenga, podría padecer dermatitis atópica, es de vital importancia consultar al pediatra, el cual podría, en la mayoría de los casos, diagnosticarla y tratarla. No obstante, especialmente en caso de duda, también es posible que lo derive a un dermatólogo, quien llevará a cabo un diagnóstico más específico en función del historial médico y del examen visual de los síntomas (o de la erupción cutánea en sí).

No obstante, incluso los especialistas en ocasiones pueden tener ligeros problemas para el diagnóstico, a lo que se le une la inexistencia de pruebas disponibles para diagnosticar la afección. Por tanto, es imprescindible que el bebé o el niño cumpla con algunos criterios para que, finalmente, el diagnóstico pueda ser considerado como definitivo. Para ello, es fundamental que se tengan tres o más características de cada una de las dos categorías (principales y secundarias) que te indicamos a continuación:

  • Características principales. Picazón intensa, síntomas crónicos (o recurrentes), erupción característica que además surge en lugares comunes o típicos, así como antecedentes personales o familiares de dermatitis atópica, asma o rinitis alérgica.
  • Características secundarias. Es habitual que los síntomas surjan a una edad temprana (en los primeros meses de vida o antes de los 2 años de edad), piel seca y áspera, parches de piel más clara, sequedad severa y descamación, pliegues secos, descamación de los labios, dermatitis de manos o pies, mayor susceptibilidad a infecciones cutáneas, así como pruebas cutáneas de alergias positivas.

¿Existe cura para la dermatitis atópica en los niños?

Si tu hijo/a tiene dermatitis atópica, o también la padeciste en la infancia, es muy probable que ya sepas que los síntomas asociados pueden ser tan difíciles como incómodos, aunque con el tratamiento adecuado pueden controlarse con éxito. Para ello es necesario que tanto la persona con dermatitis como sus familias sigan un estilo de vida normal y saludable, y mantengan determinados hábitos que ayuden a reducir el riesgo de brotes.

Además, debemos tener en cuenta que el tratamiento a largo plazo, como ya conocimos en el apartado anterior, puede incluir el tratamiento con un alergólogo, ayudando a controlar las alergias, y también podría ser necesaria el trabajo de un dermatólogo, esencial para controlar los síntomas asociados a la piel.

¿Qué son los brotes de eccema asociados a la dermatitis atópica?

Si tienes dermatitis atópica, o la tuviste durante la infancia, es normal que ya sepas qué son los brotes asociados a la dermatitis atópica. Los distintos problemas de origen inmunológico que causan la dermatitis atópica no se comprenden completamente (como ya te hemos mencionado, sus causas directas son desconocidas), pero se sabe que distintas condiciones ambientales -que pueden ser no solo externas sino también internas- pueden acabar ocasionando un empeoramiento de la inflamación de la piel. Y es en estos momentos cuando surge lo que se conoce como “brote de la enfermedad”, en la que los síntomas tienden a empeorar de forma temporal.

Por ejemplo, un área de la piel que anteriormente no presentaba ningún tipo de síntoma, ahora puede enrojecerse y picar en exceso. Es decir, consiste básicamente en un recrudecimiento de la sintomatología, la cual comienza a aparecer en zonas anteriormente no afectadas.

A pesar de que evitar los factores desencadenantes puede ser de mucha utilidad a la hora de prevenir al máximo la aparición de nuevos brotes (pudiéndose incluso reducir la inflamación de la piel y con ello disminuir al máximo los síntomas, en especial los más molestos), es necesario tener en cuenta algo fundamental: la dermatitis atópica es originalmente causada por una combinación -compleja- de diferentes factores, por lo que incluso aún cuando se aborden absolutamente todos los factores desencadenantes potenciales, es posible que todavía se tengan o presenten síntomas.

Independientemente de lo grave que pueda ser la dermatitis, como opción de tratamiento eficaz, y como medio preventivo, es fundamental conocer, identificar y reducir al máximo todos aquellos factores desencadenantes, para ayudar a mejorarla.

Principales desencadenantes de los brotes de dermatitis atópica en los niños

Existen distintos tipos de situaciones que pueden desencadenar brotes de la dermatitis atópica en bebés y niños, y también en aquellos adultos que puedan todavía padecer la enfermedad. En la mayoría de las ocasiones, esto puede originar un empeoramiento de los síntomas, algo que puede ocurrir rápidamente, o en apenas unos pocos días. En este sentido, es necesario tener en cuenta que aunque algunos factores sí pueden tener relación con nuestro hijo, otros no, por lo que es imprescindible saber que la enfermedad tiende a manifestarse de manera un poco diferente en todas las personas, independientemente de la edad que tengan.

Incluso es perfectamente posible que algunos padres no noten ningún desencadenante específico que pueda acabar empeorando la enfermedad cutánea de sus hijos, mientras que otros sí podrían ser algo más evidentes. Dado que existen muchos factores desencadenantes potenciales, repartidos en diferentes categorías o grupos, a continuación te descubrimos algunos de los más comunes. Toma nota:

Alérgenos de contacto e irritantes de la piel

Es posible encontrar que distintas sustancias o tejidos, tanto en productos u objetos naturales naturales como artificiales, desencadenan los brotes del eccema. Algunos de los más comunes dentro de este grupo pueden ser:

  • Algunos tejidos, como la lana o el poliéster.
  • Productos para el cuidado personal de la piel, como lociones.
  • Productos de limpieza e higiene personal, como champús, jabones, geles de duchas y, en el caso de los bebés y niños pequeños, toallitas húmedas higiénicas.
  • Productos de limpieza para el hogar.
  • Productos a base de perfumes y fragancias.
  • Determinados desinfectantes.
  • Formaldehído (conservante).
  • Vendajes y adhesivos de látex.

En algunos casos concretos algunas de estas sustancias podrían actuar como irritantes cutáneos, de manera que podrían empeorar los síntomas de los brotes en general, mientras que en otros ocasos únicamente podría surgir una erupción cutánea solo en el área de la piel que estuvo en contacto con el irritante o el alérgeno en cuestión (es muy común en la dermatitis de contacto, también conocida habitualmente bajo el nombre de dermatitis alérgica).

Alérgenos ambientales (inhalados)

La inhalación de determinadas sustancias presentes en el ambiente pueden empeorar los síntomas de la dermatitis atópica, así como desencadenar algunas alergias. Existen una serie de alérgenos inhalados comunes en este sentido, como:

  • Ácaros del polvo.
  • Polen estacional (muy común en la primavera, de ahí la aparición de las conocidas como alergias primaverales).
  • La caspa de algunas mascotas (en especial gatos y perros).

Determinados alimentos

Debemos recordar que en un origen se pensaba que la dermatitis atópica era el resultado de una alergia alimentaria, pero después se encontró que era exactamente al revés, de manera que lo que comienza primero es la dermatitis y, posteriormente, el bebé o niño con la enfermedad cutánea presenta un riesgo mayor de sufrir algún tipo de alergia alimenticia.

No obstante, esto no significa que no sea común que se presenten reacciones a alimentos específicos que, una vez consumidos, parece que empeoran los síntomas de la dermatitis atópica. En este sentido, mientras que algunas personas notan que consumir ese alimento parece desencadenar los síntomas, en otras ocasiones está relacionado con una verdadera alergia a esa comida.

En cualquier caso, existen algunos desencadenantes alimentarios comunes que se caracterizan fundamentalmente por ser tremendamente conocidos en este sentido, como:

  • Huevos
  • Leche de vaca
  • Soja
  • Trigo
  • Algunos frutos secos (en especial los cacahuetes)
  • Peces
  • Mariscos

Eso sí, no son los únicos alimentos que, de forma potencial, podrían desencadenar síntomas. Es esencial recordar que distintas personas pueden tener diferentes sensibilidades a los alimentos, por lo que siempre es fundamental prestar atención a los síntomas que hayan podido surgir inmediatamente después de haber consumido un determinado alimento. En cualquier caso, se sabe que los alimentos desencadenantes de los brotes de dermatitis atópica tienden a ser más comunes en bebés y niños pequeños, en comparación con los niños más mayores o incluso con los adultos.

Infecciones

En ocasiones, los niños con dermatitis atópica pueden tener síntomas que se ven más empeorados por la existencia de una infección. Aunque también se sabe que las personas con este tipo de dermatitis tienden a tener más probabilidades de contraer ciertas infecciones de la piel debido a su enfermedad.

Destacan principalmente las infecciones con Staphylococcus aureus (estafilococo), infecciones por hongos o el herpes simple, que habitualmente cursa con la aparición de ampollas febriles y herpes labial (dependiendo del lugar donde se ha producido el contagio).

El clima

Algunos padres pueden notar que la dermatitis atópica de su hijo/a suele intensificarse durante las temperaturas más extremas. Por ejemplo, durante el invierno, existe una menor humedad en el aire, lo que podría aumentar la sequedad de la piel y, a su vez, aumentar los síntomas de los brotes.

Por otro lado, también existen niños o bebés que pueden sufrir un aumento de los síntomas cuando existen temperaturas muy elevadas. En los bebés, de hecho, la sudoración excesiva se convierte en una causa de empeoramiento de los síntomas. Y lo mismo ocurre incluso con los baños largos y, sobre todo, calientes.

Piel seca

Aunque la piel seca se suele considerar como un síntoma directamente asociado a la dermatitis atópica, lo cierto es que en algunos casos también podría actuar como un desencadenante. Por ejemplo, se sabe que los bebés y niños con dermatitis atópica son propensas a tener la piel seca, aún cuando no hayan tenido o presentado síntomas graves o importantes.

Por suerte, es relativamente sencillo evitar o prevenir que la piel se reseque en exceso hasta el punto de volverse completamente seca. Por ejemplo, es esencial mantener la piel debidamente hidratada con la ayuda de humectantes y emolientes, lo que ayudará de manera tremendamente positiva a la hora de prevenir un brote de la enfermedad, al conseguir retener una mayor cantidad de agua en el interior de la piel, haciendo que se vuelva menos propensa a la irritación, el enrojecimiento, la inflamación y el picor.

¿De qué forma pueden los padres identificar los posibles desencadenantes de los brotes de dermatitis atópica en los niños?

Llegados a este punto, es normal que nos preguntemos cómo es posible identificar posibles desencadenantes, especialmente cuando nuestro hijo/a presenta síntomas constantemente y no somos del todo capaces de descubrir cuáles podrían ser los factores que estén desencadenando los síntomas.

No ocurre lo mismo que con la dermatitis de contacto, principalmente porque quienes tienen dermatitis atópica suelen, a su vez, tener desencadenantes un tanto diferentes, de manera que identificarlos puede llevar un poco de tiempo. Es más, incluso después de que el médico lo estudie o investigue, es posible que nunca se puedan identificar ningún desencadenante en concreto.

En cualquier caso, una de las opciones más simples, sencillas y fáciles de identificar un posible elemento desencadenante es eliminándolo. Si los síntomas mejoran y se reducen, entonces posiblemente haya sido una de las causas relacionadas. Y en ocasiones puede ser sencillo: es posible probar sustituyendo o cambiando el detergente de la ropa, o cambiando la ropa que le ponemos al bebé o al niño pequeño. Por este motivo es fundamental conocer cuáles son los desencadenantes de los brotes de dermatitis atópica más comunes, para tratar de identificarlos y contar con algunas pistas útiles sobre qué deberíamos intentar eliminar.

Pruebas de alergia

Las conocidas como pruebas de alergia pueden ser de muchísima utilidad a la hora de identificar aquellos desencadenantes de los principales síntomas de la dermatitis atópica, destacando en este grupo sobre todo algunas sustancias y alimentos específicos. No obstante, el proceso de diagnóstico es complejo, y no todos los especialistas están del todo de acuerdo sobre cuáles podrían ser las mejores pruebas, e incluso si verdaderamente son o no útiles.

Además, este tipo de pruebas se caracterizan también por ser difíciles de interpretar, principalmente por el hecho de que una determinada prueba podría mostrar una sensibilidad ligera a una sustancia, y esto no significaría necesariamente que sea la “culpable” de desencadenar muchos de los síntomas. No obstante, a continuación te mencionamos algunas de las pruebas de alergia más habituales:

  • Prueba de punción cutánea. Es considerada como una de las pruebas de alergia más comunes y populares, al ser una de las más habituales a la hora de evaluar distintas alergias alimentarias, que podrían actuar como desencadenantes de la dermatitis atópica. Se lleva a cabo colocando una pequeña cantidad del alérgeno en la piel, y hacer un pequeño rasguño -no doloroso- en la piel. Se tendrá una respuesta positiva (es decir, se será alérgico a ese alimento), si en el lugar aparece una mancha roja elevada.
  • Prueba de IgE. Se trata de otra prueba que, en ocasiones, se utiliza para verificar la presencia de ciertos anticuerpos en la sangre. Consiste, por tanto, en un análisis de sangre, en el que en ocasiones de lleva a cabo una prueba de IgE específica.
  • Prueba de provocación alimentaria. Especialmente si alguno de los resultados de las pruebas anteriores mostró que una determinada alergia alimentaria podría desencadenar parte de la dermatitis atópica, en ocasiones van precedidas de esta prueba de alergia. Consiste en evitar el presunto alimento desencadenante, especialmente durante un tiempo determinado, y luego consumirlo bajo la supervisión del médico.

Cómo reducir la exposición del niño a posibles desencadenantes de los brotes de dermatitis atópica

Además del tratamiento de la dermatitis atópica en sí, existen distintas formas útiles de evitar o prevenir muchos de los síntomas asociados a esta condición de la piel. Y una de las mejores opciones es reducir al máximo la exposición del niño a posibles desencadenantes. A continuación te ofrecemos algunos consejos útiles y pautas que podrían serte de mucha ayuda.

Ropa

Puesto que algunos bebés y niños pequeños experimentan brotes de dermatitis atópica después de haber utilizado diversos tipos de tejidos, es posible revisar bien qué ropa le ponemos cada día.

Por ejemplo, en el caso de los bebés y los niños pequeños, particularmente cuando existe mucho calor, es aconsejable vestirlos con ropa lo más ligera y fresca posible, para evitar que suden en exceso. A su vez, suele ser más aconsejable que algunas telas como el algodón suave o la seda pueden funcionar mucho mejor.

Productos de higiene, limpieza y cuidado personal

En el caso de los bebés es esencial siempre utilizar productos de higiene y limpieza que sean adecuados para su delicada piel. Esto significa que siempre debemos usar champús, jabones neutros y geles adecuados para la dermatitis atópica infantil, o bien que en su etiquetado o en el envase especifiquen que son ideales para la piel atópica.

Pero esto también incluye el uso de detergentes para la ropa y determinados productos de limpieza. En estos casos, lo más adecuado es intentar experimentar con distintas opciones, y comprobar si esto podría o no ser de utilidad. Por ejemplo, algunos niños con dermatitis atópica tienden a ser más sensibles a las sustancias que encontramos en la composición de muchos de estos productos, y no solo tendremos que prestar atención a las sustancias químicas o artificiales, sino incluso también a las más naturales, puesto que también podrían desencadenar brotes y síntomas.

Así, evitar una determinada sustancia “sospechosa” durante un período de tiempo podría ayudar a saber si, originalmente, era un desencadenante directo de los síntomas, o no.

También es fundamental mantener al bebé o niño alejado de los productos perfumados. No es adecuado ponerle ningún tipo de colonia, y optar siempre por lociones hipoalergénicas, lo que significa que el riesgo de que puedan producir reacciones alérgicas o desencadenar síntomas es, evidentemente, muchísimo menor.

Alérgenos presentes en el aire

Como ya hemos visto, determinados alérgenos ambientales presentes en el interior de casa o en el exterior pueden influir muchísimo en la aparición de los síntomas. En este sentido, es cierto que en algunos casos es posible reducir la exposición a estos alérgenos inhalados, lo que podría ayudar eficazmente a la hora de disminuir al máximo los síntomas.

¿Y qué podríamos hacer en este sentido? Los expertos aconsejan algunas de las siguientes pautas básicas:

  • Utilizar filtros de calidad para el aire acondicionado, y cambiarlos con cierta regularidad.
  • Utilizar un filtro de partículas de aire de alta eficiencia (HEPA).
  • Limpiar la casa con bastante regularidad, lo que ayudará a reducir la exposición a los ácaros del polvo, tan comunes en el interior de la casa.
  • Si tienes mascotas en casa, tratar de lavarlas al menos una vez por semana.
  • Reducir la exposición al humo, muy poco saludable, sobre todo entre los más pequeños.

Determinada sensibilidades alimentarias

Si descubres que un determinado alimento puede desencadenar los brotes de dermatitis en tu hijo, es posible intentar evitarlo todo el tiempo. No obstante, siempre bajo el consejo y la supervisión del profesional de la salud, es posible poder reintroducirlo en algún momento posterior, e incluso podría ocurrir que no vuelvan a surgir síntomas relacionados.

Pero como ya te mencionamos en el apartado anterior, identificar los factores desencadenantes relacionados con los alimentos puede acabar siendo altamente complicado o difícil, puesto que los síntomas podrían incluso no aparecer hasta pasados unos días después. Y, además, un cambio en la sintomatología no tendría por qué estar directamente relacionado con la alimentación.

Llevar a cabo un control de los alimentos que come el niño y de los síntomas que puedan presentarse con posterioridad se convierte en una de las mejores opciones a la hora de hacer un seguimiento de los síntomas del pequeño a lo largo del tiempo. De esta manera, será muchísimo más sencillo comprobar si surge o no algún patrón, especialmente después de haber ingerido un determinado alimento.

¿Qué es y en qué consiste la marcha atópica?

También conocida como marcha alérgica, se refiere principalmente a la progresión típica o historia natural de las enfermedades alérgicas, las cuales a menudo tienden a debutar a una edad temprana de la vida, lo que incluye no solo dermatitis atópica (eccema), sino también alergia alimentaria, rinitis alérgica (o fiebre del heno), y asma infantil.

Es decir, en algunos niños, se tiene constancia que tanto el eccema atópico como las alergias suelen presentarse en un orden específico a medida que van creciendo. Y de acuerdo a la teoría de la marcha atópica, empieza comúnmente con la dermatitis atópica, luego alergias alimentarias, asma y finalmente acaba con la rinitis alérgica.

Eso sí, es necesario tener en cuenta algo fundamental: el hecho de que un niño, independientemente de la edad que tenga, presente dermatitis atópica no significa que también tendrá algunas de las enfermedades mencionadas anteriormente (o incluso todas). Únicamente significa que tendrá una mayor probabilidad de que pueda ocurrir, pero no se trata de una causa directa, únicamente de un factor de riesgo relacionado.

No obstante, clásicamente, sí se sabe que la marcha atópica empieza con dermatitis atópica, progresando a alergia alimentaria (mediada por IgE, inmunoglobulina E alérgeno-específica), asma y rinitis alérgica. Cada una de estas diferentes condiciones conlleva a su vez una estructura fisiopatológica compleja, la cual involucra distintas facetas relacionadas directamente con el propio sistema inmunológico.

Aunque en origen se consideró que la dermatitis atópica era una manifestación más de la atopía (debida a alergias alimentarias), ahora se cree que es el resultado de una combinación de defectos cutáneos primarios -debido principalmente a la existencia de una barrera cutánea deficiente- y una propensión genética o ambiental subyacente a desarrollar la típica inflamación.

En cualquier caso, esta teoría ampliamente defendida hoy en día por la mayoría de autoridades sanitarias y expertos, considera que la enfermedad alérgica empieza, típicamente en los niños, con el desarrollo de la dermatitis atópica, progresa a asma alérgico y finalmente acaba con rinitis alérgica. A su vez, pueden surgir determinadas alergias alimentarias, sobre todo a determinados alimentos que -se sabe- se caracterizan por contener distintas sustancias alérgenas que nuestro sistema inmune puede considerar como extraños (es el caso de los lácteos, los cacahuetes o el trigo).

Se trata de una teoría que ha sido ampliamente estudiada a lo largo de los años en diferentes estudios tanto transversales como longitudinales, encontrándose que, a medida que la prevalencia de la dermatitis atópica disminuye, aumenta la prevalencia de asma alérgica. Y lo mismo ocurriría entre el asma alérgico y la rinitis alérgica. Es decir, según disminuye la prevalencia del asma alérgico, aumenta la de la rinitis alérgica.

El riesgo de aparición de la marcha atópica es mayor también en aquellos casos en los que la enfermedad es moderada a grave. Y, como opinan muchos expertos, independientemente de cómo se llame, es un hecho de que muchos niños con dermatitis atópica, en especial en una etapa temprana de la vida, a medida que crecen tenderán a desarrollar otras enfermedades atópicas, como ocurre con las alergias alimentarias, el asma y la rinitis alérgica. Como ya te hemos mencionado, no significa que todos los niños vayan a desarrollar también asma infantil o incluso rinitis, pero definitivamente el riesgo de que surja la conocida como marcha atópica es evidentemente muchísimo mayor en estos casos. Y, según se ha constatado, el riesgo tiende a aumentar en función de la gravedad de la dermatitis atópica. Es decir, alrededor de la mitad de los pacientes con dermatitis atópica de moderada a grave tenderán a desarrollar asma, y alrededor de las tres cuartas partes acabarán también desarrollando rinitis alérgica.

No obstante, de lo que sí están seguros la mayoría de expertos es que la marcha atópica clásica empieza con dermatitis atópica, seguida por la posibilidad de la aparición de una alergia alimentaria (o varias), luego asma y, finalmente, rinitis alérgica. En cualquier caso, la profesión de las distintas enfermedades atópicas pueden variar, de manera que la sucesión, si es que originalmente ocurre, también podría variar. De manera que, aún cuando estas condiciones y sus distintos síntomas a menudo aparecen en una secuencia particular relacionada principalmente con la edad, de ahí a que sea conocido bajo el término de “marcha”, también pueden superponerse.

Por ejemplo, un niño con una determinada alergia alimentaria puede a su vez desarrollar alergias ambientales antes de haber superado esa alergia alimentaria. Al igual que aunque el término “marcha” implica igualmente que existe una progresión a través de cada una de las condiciones alérgicas mencionadas en las líneas anteriores, un niño puede también manifestar únicamente alguna de estas condiciones a lo largo de su vida. Solo que, esas enfermedades alérgicas que terminan desarrollándose, suelen aparecer a edades particulares en una especie de secuencia.

Generalmente, una de las primeras afecciones alérgicas que se manifiestan es la dermatitis atópica o eccema, que, como hemos visto, consiste en una afección crónica de la piel caracterizada fundamentalmente por la aparición de piel seca y erupciones con picazón, que aparecen y desaparecen en forma de brotes. Estos síntomas suelen desarrollarse, a menudo, entre los 6 a 12 meses de edad, e incluyen síntomas como enrojecimiento de la piel, sequedad, inflamación y picazón.

Los síntomas de las alergias alimentarias incluyen sarpullido o ronchas (urticaria), hinchazón de los labios o de los ojos, enrojecimiento cutáneo, vómitos o dificultad para respirar. Estos signos suelen surgir generalmente dentro de las 2 horas posteriores a la ingestión del alimento al que el niño tiene alergia, y las alergias alimentarias se deben más comúnmente a alguno de los siguientes alimentos: lácteos (leche principalmente), huevo, soja, cacahuetes, trigo, pescado y mariscos. En un niño con dermatitis atópica, existe un riesgo de un 85 por ciento de desarrollar alergias ambientales, principalmente rinitis alérgica.

Se sabe que las alergias ambientales podrían desarrollarse desde el año de edad a determinadas sustancias que se encuentran en el interior de las casas, como podría ser el caso de la caspa de las mascotas o los ácaros del polvo. En lo que a las mascotas se refiere, también se sabe que los gatos tienden a influir mucho más que los perros. Mientras que las alergias al polen no suelen desarrollarse hasta los 3 a 5 años de edad como mínimo, en especial después de la exposición a algunas temporadas de polen (debido a la sensibilización, que se produce de forma constante durante la temporada de polinización).

Los síntomas de la rinitis alérgica incluyen congestión y secreción nasal, picazón en la nariz y en los ojos, sensación de tener la nariz taponada, ojos llorosos y enrojecidos.

Y finalmente nos encontramos con el asma infantil. De acuerdo a las estadísticas, se calcula que un niño con dermatitis atópica tiene un 50 por ciento de riesgo de acabar desarrollando asma, el cual puede manifestarse entre los 3 a 5 años de edad, o bien incluso un poco más tarde. El asma es una enfermedad pulmonar crónica que se caracteriza por la inflamación (tanto con hinchazón como con mucosidad), de las vías respiratorias, ocasionando espasmos que hacen que se contraigan y / o se estrechen. Cuando los conductos respiratorios se contraen, se presentan síntomas clásicos de asma, que pueden incluir tos y sibilancias (silbidos agudos al respirar), así como sensación de opresión en el pecho, o bien una combinación de ambos.

Por otro lado, si tienes un hijo/a diagnosticado recientemente con marcha atópica, es común que te hagas la siguiente pregunta: ¿cuándo sería aconsejable comenzar con el tratamiento? Tanto los médicos como los científicos continúan trabajando constantemente con la finalidad de comprender mejor la marcha alérgica, y proporcionar así un tratamiento médico adecuado para tratar los síntomas y prevenir los brotes comúnmente asociados a la enfermedad, especialmente a la hora de evitar o reducir al máximo el riesgo de que puedan surgir el resto de condiciones alérgicas.

Por todo ello, es de esperar que una mejor comprensión de lo que significa la marcha atópica pueda ser de mayor utilidad a la hora de desarrollar diferentes estrategias para, como te explicamos anteriormente, prevenir que ocurran otras enfermedades, y detener o enlentecer al máximo la marcha.

En este sentido, es cierto que distintos estudios científicos han demostrado que iniciar, en un niño pequeño con alergias ambientales, un tratamiento a base de inmunoterapia (consistente en la aplicación de determinadas inyecciones para la alergia), podrían ayudar a reducir el riesgo de que el pequeño acabe desarrollando asma infantil.

Además, nuevos estudios científicos publicados hace apenas unos pocos años han sugerido que la introducción de algunos alimentos con elevado contenido alergénico (como por ejemplo podría ser el caso de los cacahuetes o el huevo) de una forma más temprana podría acabar reduciendo el riesgo de desarrollo de alergias alimentarias en niños con eccema.

No se debe confundir con la dermatitis de contacto

Tanto la dermatitis atópica como la conocida como dermatitis de contacto son, como hemos visto ya, tipos muy comunes de dermatitis o eccema, que se caracterizan fundamentalmente por ser erupciones cutáneas inflamatorias que, además, cursan con descamación, irritación y una incómoda y molesta picazón. Si bien es cierto que sus síntomas son algo similares (de ahí la confusión en algunos casos), ambos tienen causas muy diferentes.

Como ya te hemos mencionado, y debemos volver a recordar nuevamente, la dermatitis atópica es una afección crónica, que se cree está especialmente relacionada por un problema autoinmune, en la que los genes (concretamente un defecto en el gel de la filagrina) tiene muchísimo que ver, de forma que la herencia influye muchísimo en la formación de este tipo de dermatitis, además de tener en cuenta otros factores ambientales que parecen influir también. Sin embargo, la dermatitis de contacto tiende a desarrollarse cuando la piel entra en contacto con algo que desencadena u origina una reacción. Eso sí, a la hora de obtener el tratamiento médico más correcto, es esencial que el especialista identifique el tipo de dermatitis.

Así, mientras que en algunos casos la diferencia entre ambos tipos de dermatitis parece ser bastante evidente u obvia, en otros casos, sin embargo, suele no serlo tanto. Es más, ¿sabías que algunos niños pueden tener incluso dermatitis de contacto y dermatitis atópica a la vez, al mismo tiempo? Esto, sin duda alguna, dificulta enormemente la evaluación médica y el diagnóstico por parte el especialista.

Tanto la dermatitis de contacto como la dermatitis atópica tienden a pasar por tres fases distintas. Existe una fase aguda, en la que la dermatitis cursa con un sarpullido enrojecido con picazón, que puede supurar un líquido transparente. En el caso de la dermatitis de contacto, por otro lado, puede ser habitual que se desarrollen también pequeñas ampollas llenas de líquido (conocidas médicamente bajo el nombre de vesículas), mientras que en la dermatitis atópica las áreas amplias y elevadas de la piel (placas supurantes) son más comunes. En cualquier caso, durante esta fase ambas afecciones cutáneas tienden a causar mucha picazón, aunque es más probable que la dermatitis de contacto ocasione a su vez un mayor dolor y ardor.

Luego se pasa a la fase subaguda, en la que la dermatitis de contacto y la dermatitis atópica son ciertamente difíciles de diferenciar, dado que, en ambas condiciones, las erupciones se caracterizan prácticamente por mostrar los mismos síntomas: las erupciones son ásperas, escamosas y secas, y ambas, a menudo, cursan con pequeñas protuberancias de color rojizo (pápulas superficiales). Lo mismo nos encontramos con la etapa o fase crónica, que se caracteriza por la aparición de la liquenificación, que como ya hemos visto y te hemos mencionado en un momento anterior, consiste en un engrosamiento coriáceo y escamoso de la piel, el cual surge principalmente como resultado del raspado y frotamiento crónico.

Aunque salvo en la fase aguda, en el resto de etapas sí es complicado diferenciar ambos tipos de dermatitis, para obtener un diagnóstico adecuado y con ello el mejor tratamiento, la ubicación donde surge la erupción o erupciones cutáneas podrían ser una pista extremadamente importante a la hora de diferenciar entre dermatitis de contacto y dermatitis atópica.

Por ejemplo, en el caso de la dermatitis atópica suele involucrar especialmente áreas donde la piel se flexiona, como por ejemplo es el caso de detrás de las rodillas, los pliegues de los codos, los pliegues de las muñecas, detrás de las orejas, los tobillos y la parte frontal del cuello. Además, en los bebés y niños es común que las mejillas también se conviertan en un área afectada tremendamente común.

No obstante, puesto que la dermatitis atópica empieza con picazón que, al rascarse, origina como resultado el típico y clásico sarpullido, es normal que las áreas más fáciles de rascar sean, a su vez, las comúnmente más afectadas. Especialmente en los niños mayores, y también en los adultos, las conocidas como áreas de flexión suelen ser las más afectadas, algo que no ocurre con los bebés, puesto que son todavía demasiado pequeños como para poder rascarse en estos puntos en concreto. Es más, los niños muy pequeños suelen tener la dermatitis atópica en la cara, los pies y en las articulaciones externas del codo.

Sin embargo, la dermatitis de contacto se produce principalmente en el área de la piel que ha estado expuesta o en contacto con el alérgeno, por lo que este tipo de dermatitis podría aparecer en prácticamente cualquier parte del cuerpo. En la mayoría de las ocasiones, son áreas que no suelen verse afectadas por la dermatitis atópica, como por ejemplo ocurre con las manos, el estómago o debajo de los brazos.

La edad también suele ser una diferencia bastante evidente, especialmente el momento en el que una persona experimenta la erupción eccematosa. En el caso de la dermatitis atópica, en la mayoría de los casos ocurre en bebés y niños pequeños, de manera que la mayoría de las personas que la desarrollan suelen tener 5 años de edad o menos. Sin embargo, la dermatitis de contacto se caracteriza por ser un tipo de dermatitis menos común en bebés y niños pequeños, de forma que es común que aparezca sobre todo en la etapa adulta. Aunque es evidente que no se trata claramente de un síntoma, la edad puede ayudar al médico a exponer y colocar los síntomas en su debido contexto.

Por todo lo indicado, podemos establecer algunas diferencias en relación a los síntomas que surgen. Por ejemplo, si bien es cierto que ambas condiciones de la piel cursan con piel seca y escamosa, en el caso de la dermatitis de contacto también se forman ampollas, y mientras que la atopía aparece en áreas de flexión, el eccema de contacto se forma en cualquier parte del cuerpo. Además, la dermatitis de contacto es mucho más común en la etapa adulta, mientras que la atópica es habitual en niños menores de 5 años.

Las causas de ambas condiciones son también muy diferentes. Como hemos visto, en el caso de la dermatitis atópica, lo más habitual es que el niño tenga una mutación genética en la filagrina, una proteína de la piel que da como resultado una ruptura de las barreras cutáneas (las situadas entre las células epidérmicas de la piel), lo que conduce a que los alérgenos presentan una mayor capacidad de penetrar en la piel, como por ejemplo es el caso de los ácaros del polvo o la caspa de las mascotas. Estos alérgenos, tras un contacto constante y un proceso de sensibilización del sistema inmune, dan como resultado la aparición de una inflamación alérgica, así como una fuerte sensación de picazón. Además, rascarse y frotarse la piel altera todavía más la piel, lo que aumenta la inflamación y la picazón.

En el caso de la dermatitis de contacto, sin embargo, se origina como consecuencia de una reacción a una exposición química, la cual surge directamente sobre la piel. Es común cuando la piel se expone a determinados agentes cosméticos, tintes para el cabello o al níquel, de manera que no es originada por un proceso alérgico, sino principalmente como resultado de una hipersensibilidad de tipo retardada, la cual se encuentra mediada por los conocidos como linfocitos T.

Es decir, mientras que en la dermatitis atópica existe predisposición genética y es común en niños con alergias alimentarias o respiratorias y asma infantil, la dermatitis de contacto surge después de la exposición de la piel a sustancias nocivas, como una forma de respuesta de hipersensibilidad retardada.

No obstante, a la hora de diagnosticar ambas condiciones, en algunos casos podría ser necesario realizar pruebas. En el diagnóstico de la dermatitis atópica es esencial la presencia de una erupción cutánea, picazón (prurito), así como la presencia de alergias, las cuales son comunes en este tipo de dermatitis y pueden ser diagnosticadas mediante análisis de sangre o pruebas cutáneas. Eso sí, al menos por el momento, no existe una prueba específica para el diagnóstico de este tipo de dermatitis. En el caso del diagnóstico de la dermatitis de contacto, es esencial la existencia de eccema con comezón, así como la capacidad de determinar cuál ha podido ser el desencadenante mediante el uso de las conocidas pruebas de parche, para determinar qué sustancia ha podido originar la aparición de la reacción.

En cualquier caso, el tratamiento médico recomendado tanto para la dermatitis atópica como para la dermatitis de contacto tienden a ser similares, puesto que ambos persiguen el objetivo de disminuir la inflamación, aliviar la picazón y, sobre todo, prevenir la aparición de brotes en un futuro. En ambas condiciones es fundamental mantener la piel debidamente hidratada, algo que es incluso más imprescindible en la dermatitis atópica. Por este motivo, a la hora de reducir y prevenir los brotes es de suma importancia la aplicación diaria y regular de cremas o ungüentos espesos, que pueden calmar la piel durante los brotes de dermatitis de contacto activa.

También existen determinados medicamentos que pueden ser utilizados para tratar los síntomas. Destacan los esteroides tópicos, que son capaces de reducir la irritación, la inflamación y la picazón, al igual que los esteroides orales, que pueden ser usados en casos de dermatitis de contacto donde la erupción es generalizada o grave. Los antihistamínicos pueden ayudar a calmar la picazón en algunos casos, aunque es cierto que no eliminan la erupción cutánea. Los inhibidores tópicos de la calcineurina son fármacos tópicos no esteroideos que se utilizan a menudo para el tratamiento de la dermatitis atópica a partir de los 2 años de edad, pero no son tan comunes en la dermatitis de contacto (salvo casos graves).

Podemos encontrar a su vez otras opciones de tratamiento útiles. Especialmente en aquellos casos en los que la dermatitis no responde tan bien a los tratamientos más comunes o tradicionales. Es el caso de la fototerapia, que se utiliza en esencia en aquellos casos de dermatitis más difíciles de tratar, y que consiste en un tipo de tratamiento médico que implica el uso de fuentes de luz para tratar distintas afecciones médicas, siendo también conocida como terapia de luz.

También podríamos mencionar de los baños de lejía diluida, que se recomiendan especialmente en algunos casos de dermatitis con sobreinfección, con la finalidad de reducir la presencia de la bacteria Staphylococcus aureus en la piel, y podrían ayudar también a la hora de mejorar la dermatitis atópica, aunque no se recomienda para la dermatitis atópica ni en los bebés o niños. Además, la evidencia relacionada con su efectividad es mixta. En este sentido, es mejor optar por los baños de avena coloidal, que ayudan positivamente a la hora de calmar los síntomas y aliviar las molestias.

En resumidas cuentas, la dermatitis atópica se trata con una hidratación diaria y regular, esteroides tópicos, fototerapia, baños de lejía diluida e inhibidores tópicos de la calcineurina. Mientras que la dermatitis de contacto suele tratarse evitando aquellos elementos que desencadenan la reacción, esteroides tópicos, fototerapia, y los esteroides orales (especialmente en casos graves).