La dermatitis atópica es una condición crónica de la piel que puede aparecer y formarse en cualquier parte del cuerpo, aunque es cierto que existen determinadas áreas o zonas que suelen verse mayormente afectadas. Concretamente, se caracteriza por ser una afección inflamatoria y crónica de la piel, lo que significa que no tiene cura, pero sí existen diferentes tratamientos que pueden ser de mucha ayuda a la hora de controlar los síntomas y reducir el riesgo de formación de nuevos brotes.

No en vano, debemos tener en cuenta que la dermatitis no es una enfermedad en sí específica, sino más concretamente un término que se utiliza desde un punto de vista médico a la hora de describir todo un conjunto de afecciones inflamatorias de la piel que, entre otros síntomas, producen síntomas similares a una erupción cutánea, como por ejemplo podría ser el caso de los parches enrojecidos que producen picazón. Y también es conocido como eccema atópico (no debemos olvidarnos que “atópico” o “atopía” significa tener o presentar una tendencia genética a la hipersensibilidad alérgica). Si bien es cierto que la palabra “eccema” a menudo es utilizada indistintamente para referirse a la “dermatitis atópica”, clínicamente hablando la dermatitis atópica es considerado como uno de los tipos más comunes de eccema.

Dermatitis atópica en manos

Sea como fuere, los expertos coinciden en señalar algo fundamental que no deberíamos olvidar: la dermatitis atópica es considerada como una de las formas de dermatitis más grave, la cual además se caracteriza por ser crónica (es decir, de larga duración).

En este sentido, entre los síntomas más comunes podemos mencionar principalmente la presencia de erupciones cutáneas escamosas, que se acompañan de inflamación, irritación, enrojecimiento y picazón. La piel se inflama, se agrieta, y a su vez puede liberar una especie de líquido transparente cada vez que la persona se pica. Si bien es cierto que puede afectar a personas de prácticamente todas las edades, tiende a ocurrir con muchísima mayor frecuencia entre los niños, generalmente antes de los 5 años de edad. De hecho, en la mayoría de los casos los síntomas suelen aparecer por primera vez entre el primer y segundo año de vida del pequeño, aunque también puede aparecer puntualmente en la adolescencia o en la etapa adulta.

También es habitual que las personas con dermatitis atópica experimenten brotes. ¿Y qué es un brote de dermatitis atópica? Básicamente consiste en etapas de la enfermedad en la que los síntomas empeoran durante un determinado período de tiempo, para luego producirse remisiones, que es justo cuando los síntomas tienden a mejorar o incluso desaparecen prácticamente por completo (efectivamente, aunque la persona no tenga dermatitis, pero sí es cierto que la piel seca siempre se mantiene).

Aunque es cierto que los especialistas desconocen la causa exacta que origina la aparición de la dermatitis atópica, sí se sabe que sería el resultado de una combinación de factores genéticos y ambientales. Es evidente que existe una predisposición genética, lo que explica por qué la dermatitis atópica suele aparecer en distintos miembros de una misma familia. Por ejemplo, si tu madre o tu padre tuvo dermatitis atópica durante la infancia, es muy probable que tú también la  hayas tenido. Y, si es así, la posibilidad de que tus hijos/as la tengan es bastante grande.

Por el momento no existen pruebas específicas que puedan ayudar al diagnóstico de la condición. Por tanto, la enfermedad tiende a confirmarse atendiendo al examen físico y los síntomas, así como al propio historial personal y familiar de la persona afectada. De esta manera, si se cumplen los criterios diagnósticos específicos, el bebé o el niño será diagnosticado con eccema atópico.

Aunque las zonas habitualmente más afectadas suelen ser el área de las mejillas en los bebés, también se observa con mayor frecuencia en los pliegues de los codos y detrás de las rodillas. Pero, ¿sabías que las manos también podría ser una zona donde igualmente podrían aparecer los síntomas? De hecho, tal y como indican las estadísticas, la realidad es que las manos suelen ser otra área del cuerpo comúnmente afectada por la dermatitis atópica, más incluso de lo que se piensa.

Por ejemplo, se estima que afecta a entre un 10 a un 15 por ciento de la población, sino las mujeres jóvenes adultas las más afectadas. Lo que explica por qué los síntomas en esta área del cuerpo no aparecen tan tempranamente, aunque es cierto que puede ocurrir a cualquier edad, incluso durante la infancia. En este sentido, los expertos saben que la dermatitis atópica en las manos suele ser particularmente frecuente en jóvenes y adultos con antecedentes de eccema atópico, de ahí que el riesgo a que este tipo de dermatitis crónica se forme también en la zona de las manos es tremendamente habitual cuando se ha sufrido de dermatitis atópica durante la infancia o la adolescencia.

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Aunque es cierto que existen determinados factores de riesgo que confluyen con la propia dermatitis atópica que surge en la infancia (coincide igualmente la existencia de una predisposición genética), también debemos mencionar otros desencadenantes que suelen influir muchísimo.

Por ejemplo, se ha encontrado que la dermatitis atópica que surge en las manos tiene una relación particular con determinados hábitos, como por ejemplo podría ser el caso de aquellas personas que trabajan en industrias relacionadas con la salud, tareas domésticas, pintura, trabajos mecánicos, limpieza y trabajos en metal, puesto que suelen tener un contacto directo y continuo con determinados irritantes. Cuando esta es la causa, este subtipo de dermatitis atópica suele denominarse dermatitis ocupacional, aún cuando la causa original sea el propio eccema atópico.

Aunque también se ha constatado que las alergias de contacto específicas pueden acabar contribuyendo igualmente a su formación.

¿Cuáles son las causas de la dermatitis atópica en las manos?

Como ocurre con la propia dermatitis atópica que surgen en otras áreas del cuerpo, en el caso de la mano se caracteriza igualmente por ser una combinación de diferentes factores. En este caso concreto, tampoco se conoce la causa exacta que origina la aparición de los síntomas (especialmente a una edad determinada, ya que como te hemos indicado en el apartado anterior sus síntomas no suelen aparecer hasta la etapa adulta), pero sí existen algunos factores de riesgo que suelen influir bastante.

Estos incluyen factores genéticos, lo que significa que, como ocurre con la dermatitis atópica típica, existe cierta predisposición genética que influye directamente en la aparición del eccema atópico. En la mayoría de las ocasiones, las personas afectadas suelen tener una mutación en el gel de la filagrina, una proteína esencial para el adecuado funcionamiento de la barrera cutánea que protege la piel naturalmente.

Por tanto, cuando se hereda dicho gen y se manifiesta la enfermedad, es común que la barrera cutánea funcione de forma deficiente, mostrando una serie de grietas “invisibles” por donde pueden entrar alérgenos e irritantes. Dado que esta deficiencia en el estrato córneo conduce a la existencia de una disfunción de la barrera, no solo se pierde agua y humedad, sino que irritantes y alérgenos pueden penetrar fácilmente en el cuerpo.

Debido a ello, tras el contacto continuo en el tiempo con estos alérgenos e irritantes, se produce lo que los expertos conocen como sensibilización alérgica, momento en el que el sistema inmune acaba reaccionando de manera negativa a la presencia constante de estos elementos, causando la mayoría de síntomas comúnmente relacionados con esta condición cutánea crónica.

Pero también existen otros factores conocidos y relacionados. Por ejemplo, determinadas lesiones pueden influir, así como determinadas reacciones inmunes, como ocurre principalmente con la denominada como dermatitis alérgica por contacto, en la que se produce una reacción de hipersensibilidad retardada con fases de elicitación y memoria, las cuales implican no solo a los linfocitos T, sino a la propia liberación de citocinas.

Aunque la dermatitis en las manos le puede ocurrir a prácticamente cualquier persona, es más probable que surja cuando ya se han tenido problemas de piel similares, como podría ser el caso del eccema atópico. Pero también es común cuando se han parecido otras enfermedades atópicas, entre las que podemos mencionar la presencia de alergias alimentarias, asma alérgico y rinitis alérgica. Y, en ocasiones, todas las enfermedades pueden aparecer siguiendo una especie de secuencia, lo que médicamente se denomina -o conoce- como marcha atópica (o marcha alérgica).

Principales factores de riesgo asociados a la dermatitis atópica en las manos (y en el resto del cuerpo)

No está del todo claro por qué ciertas personas desarrollan dermatitis atópica, aunque sí se sabe que existe cierta predisposición genética. Cuando surge, es común que la piel afectada no sea del todo capaz de retener la humedad adecuadamente, posiblemente debido a una baja producción tanto de aceites como de grasas. A lo que se le une la existencia, como ya hemos visto, de una barrera cutánea deficiente y rota, debido habitualmente a una mutación en el gen de la filagrina, una proteína esencial para el buen funcionamiento de esta barrera protectora. Debido a ello, la humedad presente en la piel tiende a evaporarse, lo que casua sequedad, a la vez que la propia barrera pierde sus cualidades y efectos protectores.

Los niños presentan más probabilidades de desarrollar eccema atópico si, además, padecen otras enfermedades alérgicas, como el asma y la rinitis alérgica, dado que suelen ser hereditarias. Por tanto, como han encontrado muchos estudios, la afección podría tener un componente genético.

Aunque los dermatólogos no consideran necesariamente que el eccema atópico se trate de una afección o un trastorno autoinmune, sí se cree que muchos de los síntomas asociados a este tipo de dermatitis son originalmente el resultado de una reacción exagerada, o bien una disfunción del sistema inmunológico. Y es que de acuerdo a los expertos, el sistema inmunológico causa la inflamación cuando surge eczema, de manera que es originalmente un proceso natural que aparece con la finalidad de proteger frente a infecciones y cuerpos extraños. Sin embargo, con el eccema, esta reacción aparentemente normal sucede incluso en ausencia de sustancias nocivas.

Como hemos visto, además de los factores genéticos y la presencia directa del propio sistema inmunológico, también existen algunos factores ambientales que tienden a jugar un papel fundamental en el desencadenamiento o en el empeoramiento de los brotes y síntomas de la dermatitis atópica. Algunos de los desencadenantes comunes de la dermatitis atópica pueden incluir una amplia gama de alérgenos e irritantes, así como otras sustancias, como: jabones, detergentes, champú y lavavajillas, ácaros del polvo o arena, perfumes y productos para el cuidado de la piel que contengan alcohol o fragancias, tejidos sintéticos o lana, productos químicos, polen, la casma de las mascotas, un clima seco o cálido, humedad baja o alta, infecciones (bacterianas, micóticas o virales) y determinados alimentos altamente alergénicos (como huevos, cacahuete y soja).

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Principales síntomas de la dermatitis atópica en manos

Si la piel de las manos se encuentra constantemente seca, escamosa y gruesa, lo más probable es que sea debido a la dermatitis atópica, especialmente si durante la infancia se tuvo este tipo de dermatitis crónica. No obstante, aunque en la mayoría de las ocasiones es común pensar que estos síntomas se deban solo a tener la piel seca o reseca, es imprescindible prestar atención a otras señales, particularmente si tenemos herencia personal o familiar de eccema atópico. De hecho, la piel muy seca, con picazón y con erupciones en varias partes del cuerpo son consideradas como las más habituales, tal y como conoceremos detalladamente en las líneas siguientes. Además de las manos, también pueden aparecer lesiones cutáneas en la cara, los pies, la parte interna de los codos y detrás de las rodillas. Y, además de las manos, las muñecas suelen ser otra de las áreas igualmente más afectadas.

¿Y qué síntomas pueden aparecer igualmente cuando se sufre de dermatitis atópica en las manos? Toma nota: piel seca y agrietada (se convierte, de hecho, en uno de los síntomas más característicos, en muchas ocasiones incluso se trata del primero de todos), enrojecimiento y / o manchas de piel de color rojizo con irritación (aunque también pueden ser oscuras), piel escamada e inflamada con picazón, sensación constante de ardor, ampollas que pican, aparición de grietas profundas que duelen, costras con dolor y / o pus, así como piel sangrante.

Por tanto, existen algunos síntomas que son tremendamente característicos, los cuales, de hecho, surgen en otras áreas del cuerpo cuando se tiene dermatitis atópica: parches de piel seca o reseca con picazón y escamosos que se agrietan y descaman con muchísima facilidad. Si bien es cierto que esto puede ocurrir de forma aguda, en el caso de la dermatitis atópica, al tratarse de una condición cutánea a largo plazo, lo más habitual es que se vuelva crónico.

Además, también se sabe que cuando la dermatitis atópica afecta a las manos también puede empeorar por determinados factores, entre los que se encuentran principalmente la exposición a productos químicos (algo muy común en casa, por ejemplo, con los típicos productos de la limpieza, de ahí que siempre se aconseje utilizar guantes, aún cuando no tengamos problemas en la piel de las manos), e incluso el lavado frecuente de manos.

Cuando la dermatitis atópica afecta a las manos, es habitual que también tienda a afectar profundamente la vida diaria y la calidad de vida de la persona, en especial cuando no responde adecuadamente bien a las diferentes estrategias tradicionales -y tratamientos típicos- que se usan comúnmente en el manejo del eccema atópico, como por ejemplo podría ser el caso de la hidratación frecuente, la protección adecuada de la piel de las manos, así como medicamentos recetados tópicos. En cualquier caso, el plan de tratamiento adecuado dependerá de diferentes factores, y encontrar el más óptimo será esencial para mejorar la condición.

No en vano, para la mayor parte de las personas con dermatitis atópica en sí, y particularmente con dermatitis atópica en manos, uno de los síntomas principales -y además más molestos- es la picazón, ya que puede ocasionar rasguños como consecuencia del rascado y frotamiento constante, que al final acabarán irritando todavía más la piel. Y sucede lo que los expertos han venido a denominar como “ciclo de picazón-rascado” o “ciclo de picor-rascado”, en el que se produce un aumento de la picazón en la zona afectada, cuyo rascado posterior acaba empeorando los síntomas del eccema.

También existen otros síntomas cutáneos asociados con la dermatitis atópica, y que entre otros aspectos, incluyen:

  • Urticaria (bultos de pequeño tamaño de color rojizo y elevados)
  • Manchas de piel que se vuelven ásperas y correosas
  • Aumento de las arrugas de la piel, especialmente en las palmas de las manos
  • Parches de piel escamosa
  • Piel dolorida e inflamada
  • Cambios de color en la piel

En cualquier caso, también debemos tener en consideración algo imprescindible: a diferencia de lo que se puede temer en un primer momento, especialmente por la similitud de los síntomas con otras afecciones cutáneas que sí podrían serlo, la dermatitis atópica no es contagiosa, lo que significa que no puede propagarse directamente entre las personas, aún cuando estemos en contacto con las lesiones.

Debido a que otros tipos de dermatitis también pueden afectar predominantemente a las manos (e incluso también a los pies), es común que aunque la causa principal sea la dermatitis atópica, es normal que reciba el nombre de eccema de las manos, también conocido médicamente como dermatitis de las manos, así como el propio eccema dishidrótico.

Síntomas de la dermatitis atópica

¿Cómo se diagnostica?

Tanto la dermatitis atópica que surge en las manos como las que en definitiva se forma en el resto del cuerpo, si no se consigue un diagnóstico y un tratamiento adecuados puede persistir y formar nuevos brotes, los cuales tienden a surgir cada cierto tiempo, en función de los desencadenantes que los originen. Es más, dado que puede afectar a la capacidad de la persona para desempeñarse en el trabajo y / o en el hogar, puede acabar volviéndose discapacitante.

Los motivos son absolutamente los mismos de cuando el eccema se origina en otras áreas del cuerpo: la picazón puede interferir con el sueño, causando malestar emocional e incluso afectar negativamente a las propias interacciones interpersonales. Y lo que es aún peor, a medida que la picazón se vuelve más intensa la necesidad de rascarse es todavía mayor, lo que ocasiona más irritación, y a su vez más picor. Luego, después de que la piel se haya visto afectada, es posible que la inflamación y la irritación constante terminen en una infección. Y así sucesivamente, el ciclo vuelve a repetirse una y otra vez en lo que los especialistas denominan “ciclo picor-rascado”, y nunca parece detenerse a menos que un tratamiento adecuado ayude a disminuir las molestias y los síntomas incómodos.

Tanto un examen físico completo como una historia clínica / familiar son esenciales para identificar el tipo de dermatitis. Aunque es cierto que, en la mayoría de las ocasiones, el diagnóstico es sencillo cuando en el pasado se han sufrido síntomas compatibles con la dermatitis atópica. También se deben tener otros elementos, como los antecedentes médicos, laborales y sociales, puesto que muy a menudo es complicado distinguir la dermatitis atópica de la dermatitis alérgica por contacto.

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¿La dermatitis atópica en manos es contagiosa?

Mientras que el eccema que surge en determinadas áreas no tan visibles del cuerpo se caracterizan principalmente por pasar casi desapercibidos en la mayoría de las ocasiones, a su vez, para la mayoría de las personas, cuando los síntomas surgen en las manos sí pueden volverse muy evidentes, lo que puede hacer que muchos se planteen y realicen la siguiente pregunta: ¿puede el eccema atópico acabar siendo contagioso?

El eccema en sí como tal no es contagioso, pero esto no significa que las heridas abiertas e infectadas del eccema (es decir, cuando cursa con infección), sí puedan propagar la infección. No podemos olvidar el componente hereditario del eccema, lo que significa que posee siempre un componente genético, de tal manera que si nuestros padres o hermanos han tenido la infección -o la tienen en estos momentos- es mucho más probable que nosotros también la acabemos desarrollando.

Dicho esto, también es importante recordar que tener eccema puede aumentar las posibilidades de desarrollar otras enfermedades atópicas, como la rinitis alérgica o las alergias alimentarias. A la vez que el riesgo de desarrollar también asma es muy elevado. Generalmente, esta afección respiratoria y las reacciones inflamatorias de la piel son originadas por alérgenos subyacentes, de manera que no es poco común que ambas cursen o aparezcan juntas (o con pocos años de diferencia, lo que en muchos casos es conocido médicamente como marcha atópica, o marcha alérgica).

También se sabe que nuestro entorno podría ser uno de los principales “culpables”. De hecho, tal y como coinciden en señalar muchos dermatólogos, la mayoría de los factores de riesgo relacionados con la dermatitis atópica son todos ambientales. Por ejemplo, las cremas perfumadas que contengan determinadas sustancias irritantes, el aire seco, el frío o el contacto con productos que producen alergias son algunas de las causas más evidentes.

Por tanto, no es posible contagiarnos del eccema de otra persona, o contagiar a otra si somos nosotros quienes padecemos la dermatitis atópica. El eccema no es contagioso, en absoluto. Cuando la tenemos significa que estamos genéticamente predispuestos, o no, la mayor parte del tiempo. Por tanto, aún cuando tengamos una pareja con dermatitis atópica y compartamos la cama toda la noche con ella, no desarrollaremos de forma repentina la condición por nuestra cuenta.

Eso sí, esto no significa que las infecciones, cuando ocurren no lo sean… Lo que sí es contagioso son las infecciones cutáneas, independientemente de que hayan sido producidas o no por el eccema. Por ejemplo, cuando tenemos dermatitis atópica, tendemos a rascarnos la piel constantemente, lo que podría ocasionar una ruptura o grietas en la piel. A partir de ahí, es posible que empiece a surgir una infección, porque todos contamos con bacterias en nuestra piel, de forma que cuando la capa superior se rompe, la bacteria tiene el potencial de causar una infección. Esa infección sí tiene la capacidad de ser contagiosa, pero no la dermatitis atópica en sí. Es más, la propia inflamación que subyace a la dermatitis también puede aumentar le riesgo de infección.

No debemos olvidarnos que tener una capa exterior de la piel intacta es tan necesario como fundamental a la hora de evitar que determinados patógenos dañinos, entre los que se encuentran hongos, bacterias y virus, puedan invadir las capas más profundas de la piel. Si la piel lesionada es colonizada con cualquiera de estos microorganismos, podría desarrollarse la infección, y ese organismo infeccioso sí podría potencialmente acabar resultando contagioso para absolutamente cualquier persona que entre en contacto directo con la piel infectada.

Llegados a este punto, es normal que nos hagamos una nueva pregunta: ¿de qué manera podríamos, entonces, diferenciar una infección de un eccema en sí? Por lo general, las infecciones pueden presentar algo de humedad, producción de pus y suelen ser sensibles al tacto. Por tanto, si te preocupa haber contraído una infección de la piel de otra persona, es conveniente siempre hablar con el dermatólogo, puesto que existen otras afecciones cutáneas (como por ejemplo es el caso de la tiña o de la sarna), que en ocasiones podrían parecerse a la dermatitis atópica.

En resumidas cuentas: si tienes dermatitis atópica, tu pareja o un familiar la tiene, no debes preocuparte de que el eccema en sí pueda ser contagioso, principalmente porque no lo es. De esta manera, si te sients cohibido/a por la sequedad y la picazón, especialmente cuando surgen en áreas más visibles de la piel, debes saber que las personas que te rodean no tienen por qué preocuparse por la posibilidad de que puedas transmitírselos, porque, originalmente, el eccema no es causado por un patógeno o microorganismo infeccioso. No obstante, recuerda que si la piel se infecta, ya sea por eccema con picazón o por otros motivos diferentes, esa infección sí podría terminar siendo transmitida a otra persona a través del contaacto piel a piel, pero no la afección subyacente en sí, que no es otra cosa que el eccema.

Tratamiento del eccema atópico en manos

Como ocurre con la dermatitis atópica que surge en el resto del cuerpo, no existe una cura para esta condición cutánea cuando se forma en las manos, pero el tratamiento recomendado por el especialista puede ayudar enormemente a la hora de controlar muchos de sus síntomas, en particular los más molestos, como la irritación y la incómoda picazón.

Por otro lado, es necesario, para mayor tranquilidad, tener en cuenta que la mayor parte de los brotes de dermatitis atópica en las manos suelen resolverse de forma espontánea en un período de tiempo comprendido entre una a tres semanas aproximadamente, aunque es una condición crónica, que aparece y desaparece en función de si la persona afectada está o no en contacto con los diferentes factores desencadenantes.

Puesto que la erupción, cuando surge en las manos, tiende a ser tremendamente incómoda y molesta, en muchas ocasiones se recomienda optar por medicamentos útiles para el control de la picazón, y acelerar a su vez la curación. 

Los esteroides tópicos, son medicamentos que se aplican directamente sobre la piel (en lugar de tomar una pastilla o fármaco por vía oral), y son útiles para aliviar una amplia variedad de diferentes afecciones dermatológicas. En este caso en concreto, son útiles como tratamiento de primera línea en caso de dermatitis atópica, principalmente porque son adecuados -y efectivos- a la hora de controlar la picazón, disminuir la irritación y reducir la inflamación. Dado que la piel de las manos suele ser más gruesa, tiende a absorber los medicamentos tópicos aplicados sobre ella de manera más lenta, puesto que en ocasiones podrían recetarse esteroides de mayor concentración, mientras que los esteroides orales son adecuados para períodos cortos de la enfermedad, con casos severos y durante brotes agudos.

También debemos nombrar el uso de los conocidos como inhibidores tópicos de la calcineurina, puesto que en algunos casos se ha demostrado que son eficaces. Consisten en medicamentos no esteroideos que ayudan a estimular la liberación de compuestos de acción antiinflamatoria en la piel, con la finalidad de disminuir la inflamación al máximo y, con ello, muchos de los síntomas comúnmente asociados a la dermatitis.

En ocasiones, sobre todo en casos graves que tienden a no responder a otros tratamientos, la prescripción de inmunosupresores pueden ser útiles, especialmente cuando se utilizan sobre todo con otro tipo de terapias. Mientras que los antihistamínicos orales pueden ayudar a calmar la picazón o picor, aunque es cierto que no mejoran la erupción cutánea en sí misma.

En caso de infección, los antibióticos tomados por vía oral pueden acabar siendo de muchísima ayuda, en especial cuando la erupción cutánea se ha infectado como consecuencia de la irritación, picazón y rascado constante. A su vez, el propio tratamiento de la infección puede ayudar a eliminar la erupción.

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¿Se puede prevenir la dermatitis atópica en las manos? Consejos útiles para controlar los brotes

Al tratarse de una condición cutánea crónica, en la que existe cierta predisposición genética, no es del todo posible evitar que aparezca, al igual que no es posible prevenir los brotes completamente. No obstante, sí se pueden reducir en gran medida tanto su frecuencia como la disminución de los síntomas con el mantenimiento de un tratamiento lo más cuidadoso posible.

Una opción útil -a la par que aconsejable- es identificar y conocer cuáles son los factores desencadenantes personales, puesto que, aunque en la mayoría de las ocasiones tienden a ser prácticamente los mismos, es cierto que pueden existir ligeras diferencias. De hecho, esto se convierte en la mejor defensa a la hora de prevenir futuros brotes de dermatitis atópica, tanto en las manos como en el esto del cuerpo. En lo que se refiere específicamente a la piel de las manos en sí, es conveniente intentar reducir al máximo la exposición a los alérgenos de metales, lo que podría ser útil para comprobar si esto podría ayudar a mejorar los síntomas.

A continuación te ofrecemos algunos consejos sencillos que te ayudarán:

  • Mantener la piel correctamente hidratada. Es esencial hidratar y humectar la piel adecuadamente con la ayuda de un buen emoliente, lo que será de muchísima utilidad a la hora de mantener la barrera de la piel lo más sana y saludable posible, a la vez que será menos propensa a la irritación. Para ello, es imprescindible hidratar las manos varias veces al día, utilizando para ello una crema específica de manos para pieles atópicas. También es conveniente hacerlo después de cada ducha, tras lavarse las manos y durante el día, siempre que sea necesario. Recuerda por otro lado que es recomendable que este tipo de cremas sean productos sin fragancia e hipoalergénicos (a ser posible, concebidos para pieles sensibles o para pieles atópicas).
  • Protegiendo las manos. Especialmente en algunas actividades cotidianas, como cuando lavamos los platos, cuando trabajos en el jardín o cuando limpiamos el baño con lejía o con productos muy abrasivos, es conveniente utilizar siempre guantes impermeables, para mantener la delicada piel de las manos protegida en todo momento.

Siguiendo algunas de estas pautas básicas el control de los brotes podría ser efectivo. Aunque, para conseguirlo, es también necesario seguir el plan de tratamiento recomendado por nuestro médico. Y, sobre todo, evitar todos aquellos elementos desencadenantes que -sabemos- nos están haciendo más mal que bien.

La importancia de evitar los desencadenantes de la dermatitis atópica en manos

Cuando la piel de las manos se encuentra continuamente seca, agrietada y además pica, sobre todo durante los meses de invierno o cuando pasamos la mayor parte del tiempo estresados (esto es, en períodos de estrés y ansiedad), es posible que se trate de eccema atópico de manos. Se trata, como ya hemos visto, de una condición cutánea que cursa precisamente con estos síntomas, y que también suele parecer o surgir en cualquier parte del cuerpo, sobre todo en aquellas áreas o zonas más comunes.

Como ya conocíamos en el apartado donde descubríamos algunas de las causas de la dermatitis atópica, distintos elementos propios del ambiente o del entorno pueden acabar haciendo que la dermatitis atópica se agrave. No en vano, nos encontramos ante una inflamación cutánea prolongada y recurrente (crónica, la cual aparece y desaparece siempr een forma de brotes), la cual está especialmente relacionada con ciertas sensibilidades a los alérgenos, que se encuentran presentes en el ambiente, aunque es necesario tener presente que no siempre tiende a causar la misma erupción cutánea en todas las personas.

Cuando la dermatitis aparece en las manos, o incluso en otras áreas del cuerpo, es necesario diferenciar entre el eccema atópico y el eccema de contacto. Si se trata de dermatitis atópica, lo más común es que en la familia puedan existir otros miembros de la familia que también la sufran, y en muchas ocasiones está relacionada con la rinitis alérgica y con el asma, así como con determinadas alergias alimentarias. Mientras que, la dermatitis de contacto, ocurre principalmente por algo presente en el exterior, que origina una reacción, en la mayoría de las ocasiones alérgica, cuando entra en contacto con la piel. En muchos casos el eccema de contacto puede ser alérgico, en especial en aquellas personas que tienen alergia al níquel o a determinadas sustancias irritantes.

A la hora de evitar y prevenir al máximo nuevos brotes de dermatitis atópica, es esencial evitar los desencadenantes que podrían aumentar el riesgo de que se formen o aparezcan. A continuación te descubrimos algunas pautas útiles que podrían ayudarte muchísimo.

Ácaros del polvo

Distintos estudios han demostrado que los ácaros del polvo suelen ser una causa común de dermatitis, sobre todo entre los más pequeños de la casa. Por tanto, intentar mantenerlos a raya, en especial en la habitación del niño, podría ayudar a prevenir las típicas erupciones con picazón.

¿Y cómo conseguirlo? Una buena opción es eliminar las alfombras y felpudos de casa, así como limpiar continuamente las cortinas y personas que contienen mucha cantidad de polvo. También es aconsejable lavar la ropa de cama todas las semanas, así como las cortinas, siempre en agua caliente. Por otro lado, es fundamental limpiar la habitación del pequeño a fondo, al menos una vez por semana.

Cuidado con las prendas

Existen determinados tejidos que pueden influir muchísimo en la aparición de los brotes, acabando por desencadenar el eccema. Es el caso de las prendas de lana, tejidos sintéticos y, por lo general, otros materiales de textura rugosa.

En su lugar, se debe escoger ropa holgada de algodón, ya que la probabilidad de que pueda provocar un brote de la mayoría de los síntomas de dermatitis atópica, incluso cuando entra en contacto con las manos, es bastante más baja.

Eso sí, también es esencial seguir una serie de pasos preliminares antes de ponernos la ropa nueva, aún cuando se trate de ropa fabricada única y exclusivamene con algodón. Por ejemplo, es conveniente lavarla adecuadamente para eliminar la presencia de posibles irritantes y residuos que haya podido dejar el tinte. Ten en cuenta también que las etiquetas podrían acabar irritando la piel al entrar en contacto con ella, por lo que es conveniente cortarlas de la ropa siempre antes de ponértela (o de ponérsela al pequeño).

Cuidado con los detergentes

Existen algunos ingredientes y sustancias químicas que con asiduidad se utilizan en la elaboración y composición de algunos detergentes para la ropa que podrían ser algunos de los principales causantes de los síntomas de eccema atópico, independientemente de que se forme o no en la mano.

Sustituirlos por un detergente de pH neutro sin fragancia ayudaría a que sea mucho más suave y “respetuoso” tanto para la ropa como para la piel. En cualquier caso, aún cuando el detergente sea adecuado y compatible para pieles sensibles y atópicas, es fundamental quitar cualquier residuo de detergente o jabón de la ropa escogiendo el ciclo de doble enjuague.

Por otro lado, para los productos con ingredientes agresivos, los especialistas también recomiendan sustituirlos por alternativas más naturales. Mientras que, a la hora de manipular cualquier producto de higiene o limpieza, se recomienda usar guantes de goma siempre a la hora de evitar o reducir al máximo contener un desencadenante de eccema.

Reduciendo el estrés

El estrés podría ser un factor de riesgo para el eccema atópico en algunas personas. Si bien es cierto que es casi prácticamente imposible evitar o eliminar todo el estrés de nuestras vidas, existen algunas técnicas y métodos que pueden ser de mucha ayuda a la hora de controlarlo al máximo, y mantenerlo lo más alejado posible.

Técnicas como la meditación, el método de atención plena, la práctica del yoga o simplemente la respiración profunda son tremendamente útiles para reducir el estrés y la ansiedad lo máximo. Además, especialmente cuando se está estresado, seguir el plan de tratamiento recomendado por el especialista ayudará muchísimo para mantener los brotes bajo control.

Pruebas de parche para identificar alergias

En el apartado dedicado a Cómo se diagnostica este tipo de dermatitis te mencionamos que las alergias a los alimentos tienden a empeorar el eccema. Si bien es cierto que hasta hace unos años se creía que las alergias alimentarias eran la causa directa que originaba la formación de la dermatitis, se ha demostrado absolutamente lo contrario, de manera que en primer lugar suele surgir el eccema atópico, y luego aparecer otras enfermedades atópicas. De hecho, las alergias a los alimentos rara vez son la causa.

Pero dado que este tipo de alergias pueden empeorar los síntomas, un alergólogo o dermatólogo podría llevar a cabo lo que se conoce como pruebas de parche, que son pruebas diagnósticas útiles para identificar cualquier sustancia o químico que, tras ser aplicado sobre la piel, podría causar o no una erupción del eccema.

Para realizarlo, el médico aplicará una serie de pequeñas pegatinas pequeñas en la espalda o en el brazo, y cada uno contendrá un probable alérgeno. Luego, en el transcurso de una semana, el especialista se encargará de revisar la piel con la finalidad de detectar una posible reacción. En caso de que la prueba sea positiva a cualquiera de estas sustancias, será necesario evitarla para evitar a su vez futuros brotes.

¿Qué ocurre con el polen?

El polen es considerado también como un alérgeno común, especialmente durante la primavera. Para la mayoría de las personas con eccema atópico, el polen se convierte en un desencadenante tremendamente común de los brotes, por lo que cuando los niveles sean muy elevados en el exterior, los expertos recomiendan intentar quedarse en casa el mayor tiempo posible, así como mantener las ventanas siempre cerradas.

Eso sí, en caso de necesitar salir a la calle, es conveniente tomarse una ducha rápida tan pronto como lleguemos a casa, lo que ayudará a eliminar los residuos y restos de polen que hayan podido quedar en la piel y en el cabello, así como cambiarse de ropa y lavarla inmediatamente. En algunas ocasiones es posible que el médico recomiende un tratamiento a base de antihistamínicos con la finalidad de tratar el eccema.

Elimina la caspa de las mascotas

Aunque no lo creas, la caspa de las mascotas también se convierte en un alérgeno común, que puede acabar desencadenando muchos brotes de eccema atópico, también en las manos (por ejemplo, cuando los tocamos). Aún cuando nuestros amigos peludos sean miembros tremendamente apreciados de la familia, también podrían hacer que el eccema se agrave o empeore.

A pesar de que algunos expertos recomiendan mantenerlos fuera de casa siempre que fuera posible, cuando los dejemos entrar es conveniente tratar de mantenerlos alejados de sillas y sofás, y no dejarles que entren en el dormitorio donde descansamos y dormimos.

En el caso de gatos, se debe pasar la aspiradora con frecuencia en alfombras, sillones y sofás, lo que ayudará a controlar la caspa de las mascotas al máximo. Por otro lado, es fundamental lavar las mascotas cada semana, manteniendo un baño y aseo regular. Esto ayudará a su vez a conseguir que el tratamiento para el eccema atópico sea lo más efectivo posible.

Cuida la piel de las manos, siempre

Aunque es cierto que un baño caliente al final de un día estresante y agobiante puede ser tremendamente relajante, también puede convertirse en un enemigo para quienes padecen dermatitis atópica, ya que la temperatura elevada del agua puede ser un posible desencadenante de los brotes.

Se aconseja mantener los baños y duchas lo más cortos posible, así como usar exclusivamente agua tibia. Tampoco podemos olvidarnos que el agua caliente puede terminar irritando la piel, haciendo que los síntomas se agraven. Es fundamental ser suaves y delicados con la piel, no frotando demasiado fuerte. Luego, al secarte la piel de las manos, utiliza siempre una toalla, con suaves golpecitos. Y justo cuando la piel esté todavía húmeda, es conveniente aplicar un humectante rico, para atrapar la humedad en la piel de las manos.

Ahora que tendemos a lavarnos las manos más asiduamente, es común que tendamos a utilizar mucho jabón y agua caliente. Por tanto, es fundamental intentar siempre usar pH neutro (el más suave posible), y utlizar agua tibia. El uso de cremas de manos para pieles sensibles o incluso aceites suaves son esenciales, especialmente si lo mantenemos como un hábito.

En resumen, a continuación te hacemos un breve resumen donde recopilamos algunos de los principales factores que podrían acabar contribuyendo a un brote de dermatitis atópica en manos, o bien empeorar una erupción ya existente:

  • Alérgenos. En especial la ingestión de algunos, como por ejemplo podría ser el caso de la quinolina, neomicina o cromato, podrían acabar desencadenando algunos casos. En estos casos, por ejemplo, el especialista podría sugerir dietas que restrinjan algunos de los alimentos que mayor contenido podrían tener en níquel (como el chocolate o las nueces) o determinadas fuentes de cobalto (entre las que se encuentran las verduras de hoja verde o el pescado), particularmente en aquellos casos que el tratamiento no ayuda a que los síntomas mejoren. No obstante, presentan un inconveniente, y es que en muchas ocasiones es tremendamente complicado de mantener a largo plazo.
  • Contacto con el metal. En especial con el níquel, las exposiciones comunes a las hebillas de los cinturones, joyas, cremalleras e incluso las monedas pueden influir muchísimo. Es más, la alergia al metal podría ser también un factor desencadenante bastante importante, por lo que algunos estudios han mostrado que evitar cualquier tipo de metal ayuda muchísimo a la hora de controlar los síntomas, e incluso podría ser perfectamente capaz de eliminar por completo esta condición cutánea.
  • Sudoración excesiva o hiperhidrosis. A menudo suele ser un elemento tan común que pasa desapercibido en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, mantener la piel húmeda durante largos períodos de tiempo puede influir mucho en la aparición de los síntomas. A lo que se le une el hecho de que el sudor tiende a tener un elevado contenido en níquel, lo que podría a su vez irritar la piel. Si, además, la sudoración es continua y excesiva debido al clima seco y caluroso, la sudoración excesiva puede empeorar todavía más el problema.
  • Clima. Como te hemos mencionado, el calor al causar sudor excesivo puede ser uno de los mayores enemigos de la piel, puesto que incide directamente en la aparición de muchos de los síntomas asociados a la dermatitis. Pero, a su vez, las temperaturas extremas (también las más bajas) o los cambios drásticos en los niveles de humedad pueden desencadenar nuevos brotes. Para algunas personas, es más, el eccema dishidrótico podría empeorar todavía más durante cada cambio de estación.

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¿Y qué es el eccema dishidrótico?

El conocido como eccema dishidrótico consiste en un tipo de dermatitis, mucho más común entre las mujeres, que origina una erupción con forma de ampollas en las manos y / o en los pies, especialmente en las palmas de las manos, entre los dedos, y también en las plantas de los pies, las cuales se caracterizan por ser ampollas de pequeño tamaño, pero que a menudo tienden a picar muchísimo. Aunque, es cierto, la palabra dishidrótica hoy en día no es un término muy adecuado, ya que en su momento se pensaba que era una condición originalmente causada por un mal funcionamiento de las glándulas sudoríparas, pero como veremos a lo largo de las siguientes líneas, se ha descubierto que en realidad no es así.

Este tipo de eccema es considerado como un tipo de derrmatitis e inflamación más común de las manos, seguido muy de cerca de la propia dermatitis atópica. Además, de acuerdo a las estadísticas, se sabe que es entre dos a tres veces más común en las mujeres que en los hombres. Además, no se sabe muy bien por qué la atopía está igualmente relacionada con el eccema dishidrótico, de manera que alrededor de la mitad de las personas con este tipo de eccema también presentan o tienen dermatitis atópica.

Una de las principales características diferenciales de este tipo de dermatitis son las ampollas que se forman con esta condición, las cuales se caracterizan por ser pequeñas, similar a granos de pequeño tamaño, llenas de un líquido fluido transparente, muy pruriginoso (tienden a picar muchísimo), que en ocasiones pueden ser dolorosas y que habitualmente se forman en grupos entre los dedos de las manos y de los pies, además de en los bordes de los dedos, en las palmas de las manos y en las plantas de los pies.

Con el paso del tiempo, las ampollas acaban secándose y pelándose, algo que ocurre alrededor de tres semanas después de que hayan aparecido por primera vez. Luego, la piel situada debajo de las mismas puede estar enrojecida, agrietada, escamosa y dolorosa.

En lo que se refiere a las propias ampollas en sí, suelen empezar como pequeñas ampollas, generalmente con una apariencia similar al de una burbuja, las cuales se encuentran llenas de líquido. En la mayoría de las ocasiones, una vez aparecen, tienden a resolverse por sí solas entre 2 a 4 semanas después, pero en ocasiones podrían no solo llegar a agrandarse, sino ser más persistentes o incluso generar una molesta e incómoda picazón, la cual puede acabar siendo muy intensa.

De hecho, cuando las ampollas crecen y aumentan de tamaño, es habitual que el efecto resultante sea muy doloroso, así como una distracción debilitante que afecta a la calidad de vida de la persona, particularmente cuando la picazón surge y aumenta por la noche, cuando la tentación de rascarse es muchísimo más elevada, y la ausencia de elementos distractores puede hacer que tendamos a rascarnos de forma inconsciente, con el riesgo de ocasionar en la piel todavía más daño. Luego, el riesgo de infección es a su vez muchísimo mayor.

No en vano, el riesgo de rascarse y de estallarse las ampollas en casa introduce a su vez el riesgo de infección en una piel que ya de por sí es bastante sensible y vulnerable, pudiendo a su vez dañar todavía más la piel. Y como coinciden en señalar muchos dermatólogos, como ocurre a su vez con el acné, en esta ocasión estallarse las ampollas debileradamente puede empeorar las cosas muchísimo, sobre todo cuando se infectan. En cualquier caso, cuando las ampollas estallan por sí solas y de forma natural, ese drenado puede proporcionar cierto alivio a la picazón.

Como ocurre con la propia dermatitis atópica, los expertos desconocen cuál es la causa exacta del eccema dishidrótico, pero como ocurre también con el eccema atópico, consideran que probablemente se encuentre involucrado más de un factor. Antaño, de ahí su nombre, se pensaba que se debía a una disfunción de las glándulas sudoríparas, ya que en alguna ocasión se creyó que ocurría alrededor de las mismas. Sin embargo, se ha demostrado que esto no es en realidad así.

Aún cuando puede apadecer a cualquier edad, se sabe que es bastante más común en mujeres de entre 20 a 40 años de edad. Aún cuando los hombres pueden también sufrirla, se sabe que el sexo femenino presenta el doble de probabilidades de desarrollarla.

Debemos tener en cuenta que, en muchas ocasiones, puede ocurrir conjuntamente con la dermatitis atópica, o incluso con la rinitis alérgica (fiebre del heno), la cual tiende a manifestarse de forma estacional junto con cualquier otra alergia que se pueda tener.  Es más se ha encontrado un fuerte vínculo entre esta afección y la dermatitis atópica, de tal manera que se sabe que cerca de un 50 por ciento de las personas con esta condición de la piel también presentan eccema atópico. Lo que ha llevado a algunos expertos a sospechar acerca de la posibilidad de que, en realidad, la dermatitis dishidrótica podría tratarse de algún tipo de forma de dermatitis atópica que específicamente surge en la zona de las manos y / o de los pies.

También se ha encontrado que entre un 40 a un 45 por ciento de las personas con esta afección cutánea suelen igualmente presentar problemas con las manos o con los pies, los cuales tienden a transpirar mucho, por lo que los especialistas también creen que este problema tiene igualmente algo que ver.

Muchos de los factores que desencadenan los síntomas o brotes de la dermatitis atópica tienden a influir también en la aparición del eccema dishidrótico. Y podemos mencionar algunos tremendamente comunes, como: dermatitis atópica, tener la piel sensible en general, alergias (como la rinitis alérgica, también conocida como fiebre del heno), estar bajo períodos de estrés y ansiedad, la exposición a determinados metales (como el níquel, cobalto o cromo), lavarse las manos con demasiada frecuencia o cuando las manos se encuentran constantemente a menudo bajo el agua, trabajar continuamente con cemento o recibir infusiones de inmunoglobulina intravenosa (habitualmente aplicado con la finalidad de tratar cualquier otra afección médica).

Como ocurre con el resto de dermatitis, no existe una prueba específica que pueda ayudar a diagnosticar sin lugar a dudas, y de forma definitiva, el eccema dishidrótico. Como sucede con el resto, por lo general lo más habitual es que el diagnóstico se lleve a cabo después de un examen físico completo, junto con un historial médico y familiar detallado (de hecho, debemos recordar que la la herencia suele ser considerado como un factor de riesgo determinante, de manera que existe cierta predisposición genética).

Es común que, durante el diagnóstico, el médico pregunte a la persona afectada si padece cualquier otro tipo de alergia, o si incluso se sufre de dermatitis atópica, así como las actividades que se llevan a cabo cada día para ver si estas podrían exponer a algo que podría estar contribuyendo a la aparición de los síntomas, además de la profesión.

En caso de existir alguna duda, se podría llevar a cabo una biopsia o un simple raspado de la piel con la finalidad de verificar si existe algún tipo de infección, la prueba de parche para detectar alérgenos sobre la que ya te hemos hablado en una ocasión anterior, o bien análisis sanguíneos útiles para detectar, entre otras cosas, distintos trastornos autoinmunes o alergias.